viernes, 13 de enero de 2017

Yo, otro yo, y ese yo.

Porque siempre, habrá una historia para cada momento. Así mismo, el personaje de este pequeño fragmento, que en algún momento de la vida, como todos, llega a toparse con todas sus facetas en el presente, y más allá, de toda conciencia.
Es así, como yo llegué. A veces me encargué de ser lo mejor, en otras lo peor. Nunca supe de existencias adicionales, de elementos contiguos a la puerta de mi pensamiento, que en ningún momento llegué a tomar en serio.

Dentro de todo esto, la continuación ha sido interesante. Cada quien, ha sido vital para cada punto de referencia que tomo. Pero... Me di cuenta que no estaba solo, a pesar de mi soledad. Que no llegaba a tener el punto máximo de tener un puñado de arena en la mano, que dejase caer en los pies, pues siempre habrá más.

Ese era yo ( o aún lo soy), el que mantiene pensamientos profundos, con la mirada tibia reflejando lo que realmente siento y aún mantengo detrás de mi propio cerebro. Pero, con el tiempo ha hecho lo mismo que el otoño hace con las hojas del árbol. Es tal vez lo mismo que ocurre al pasar de años, con lo que se deja en el mundo. Se ha ido desmoronando, o tal vez, sencillamente es cuestión de muchos hechos que lo dejan detrás de una cárcel intangible, y un silencio detrás de los barrotes. Ahora, pareciese que quiere refugiarse, aún siendo la misma abstracción que no es sencilla de comprender a sencilla vista.

Por otro lado, despertó "ese", aquel insolente y coqueto que lleva la maldad de la rosa recién cortada. De aquellos que al abrir los ojos, se encuentran con el mundo a su disposición sin tenerlo a su modo. ¿Quién sabe? Nunca logré escucharlo, más sí murmurar. Aquel, maldito y sonriente a su manera, de los que intento repudiar cuando callo y decido solo mirarles extrañado.

Y "otro". Llegó callado, pero contento. Es tal vez un pequeño espacio infinito de sueños mayores. Llegó pisando fuerte, porque desde el primer momento lo escuché mandando a diestra y siniestra. Aunque, respecto a lo primero, recalcaría que es zurdo. Puro, valiente, pero reservado en cada paso que realiza. Aunque, no niego que sus resultados evocarían al mejor triunfador, al más talentoso: Al mejor, en lo que realiza.

Sí. Sé que desaparecí. Sé que realmente olvidé por un momento dónde plasmaba las cosas, y decidí vivir un poco, y tal vez, entrenar un poco la mente para trabajar, estudiar otro poco, y cumplir sueños. Otro, supo cómo debía ser. Pero lo más extraño es que, realizó todo de forma tan sigilosa que cuando ya todo estaba hecho, fue que me dí cuenta de sus deseos y sus objetivos. Es tal vez el trozo de mí, que hacía falta para avanzar, y no quedarme en el lugar tan vertiginoso que en ocasiones, tiende a tomarme a mí, como si fuese un hoyo al infinito.

Tanto tiempo, tantos días y memorias he traído en una pequeña bolsa llena de recuerdos. Y por otro, brindé mis mayores esfuerzos hacia lo que sería Mi Vida Musical, completos en su ser de esfuerzos que pretendían mantenerse hasta que el sol saliera por el Oriente. 

No lo niego, aún hoy mi soledad está conmigo. Como siempre lo he dicho, es la chica fiel que se enamoró de mí. Coqueta y disimulada, celosa pero tierna, me logra atraer hasta en lo más profundo de mi ser. Me enloquece y me atrapa hasta tener un descontrol completo. Y es ahí donde aprovecha ese.

Quién sabe qué pudo haberlo despertado, pero tuvo su tiempo impulsando la corona. Respiró de mi aire y miró a través de mis ojos, y tuvo sus silencios, de la forma como un depredador decide cazar. Él, que en cierto momento, acostumbraba a darle un cuarto de vuelta a las manecillas del reloj, con solo el objetivo de seguir en pasos bastante apartados. Mientras, no se supo dónde estaba yo, o Otro. No sabía donde estaba nadie, más que Ese, confabulado con ella, tomando los controles, sin nadie comandando.

Es cuestión de días, tal vez para lograr darse cuenta de los propios demonios. De los auges, los apuros, las prisas, los gustos y los placeres. Todos a la vez, a veces combinados por medio de olores que escapaban en unos minutos, con una esencia de vainilla, o a veces sencillamente de mujer.

Durante todo el recorrido, de más de unos cientos de kilómetros, o tal vez miles, con unas cuantas horas al lado de mi almohada, llegó al poder mientras poco a poco lo ví riéndose. Llegaba un punto donde sentía la mirada de odio, rencor, y tal vez asco. Pero, entre todo ello él estaba ahí para lograr sus objetivos, en sus cabales, en sus pensamientos y pseudorealidad, mientras desde lejos no podía creer en lo que estaba ocurriendo.

Es raro por donde se vea, pero era el único decidido y con motivos para continuar. Pero aunque la magia exista, siempre el encanto acaba algún día. Y así ocurrió para él, mientras de un momento a... Otro, que decidido y convencido después de doce campanas lo alejó. Y aunque lo sabía desde mucho antes, se retiró con total tranquilidad, sabiendo que su protagonismo, tan efímero y corto como los amores de un Caballero Solitario, había dado por ser terminada.

Sin embargo, entre todo ello, las lecciones fueron aprendidas. "Otro", no es más que el pasado pretérito de uno de mis deseos. Y "Ese", al parecer es la locura que realmente quiso tener un nombre propio. Entre otras cosas, porque después de una larga tertulia, supimos cuáles eran nuestros objetivos.

Y así desperté de un largo sueño que me tenía tonto e impávido. Logré recordar que aún las oportunidades de un devenir corto son posibles, que tal vez ese mismo cambio tomó tanto tiempo, que olvidé por todo sentido de la palabra, quién era yo. Y no sé lo que venga mañana, pero cada momento que avanza, estamos deseosos por vivir un momento más. Y ahora, solo queda encender una vela, sonreír con la misma picardía de Ese, callar y actuar atentamente como Otro, mientro no deje de ser el mismo Yo. Mientras eso pase, no me preocuparé de quién tome las riendas. Porque todo caos tiende a volverse más sencillo de entender, más no de apaciguar. Y esto es lo que necesito: Un yo, otro yo y ese yo.

sábado, 18 de julio de 2015

¿La Dama Solitaria?

La miré. Ella se quedó mirando por un momento. Se tenía que ir rápido, pero solo yo soy consciente de cuánto dura ese pequeño lapso de tiempo. Se despidió. Pero, yo casi desconsolado por unos segundos, le di un beso de despedida. La volví a abrazar, tal como si no quisiera dejarla ir. No la quiero dejar ir.
Es así, como se empiezan las historias, como se debería tener un pequeño espacio para conocer, para aprender y continuar. Así, tal vez, lo estoy imaginando ciegamente sin darme un poco de cuenta.

Quién sabe. Al día de hoy, entre muchos pensamientos y tantas palabras que aún no han podido salir del borrador, quiso imperar el único mensaje que se está guardando. Levantarse entre tantas historias y pensamientos, inconclusos y descabellados que solo un solitario como yo, podría tomar.

No reconozco mucho, después de tantas historias increíbles que han sucedido. Solo quien conoce verdaderamente a las manos de estas palabras lo sabe, pero aún me pregunto el alcance de una ilusión que es grande, que es inmensa, que no cabe en un solo corazón.

Hoy me sigo preguntando qué es lo que me hace mover por medio de una cadena de casualidades, a algo inimaginable. Y aunque no encuentro congruencia ni lógica entre lo que está pasando, me atrevo a moverme entre esfinges y quimeras propias, solo para concluir una historia, de la que no niego que tengo miedo.

Al día de hoy, siendo otro nuevo ser, cada vez un poco más cerca de la racionalidad deseada, poseo aún el pasado como la carta de presentación al mundo donde solo unos pocos triunfan, y algunos más minoritarios, logran empatar con mucho esfuerzo.

Pero es complicado. Nunca pensé que las esmeraldas cerca a las retinas pudiesen revelar más secretos. Darme cuenta, que no es el color el motivo de maravilla, sino eso tan dulce, eso tan único, eso... Aquello, que no corresponde a algo limitado a ver, sino a sentir, a presenciar.

Llegar al punto de ser comprendido. Y no solo eso, sino encontrar aquel trozo de inocencia, de valentía y de belleza, en un mismo cuerpo. Compartir desde los pensamientos más simples, hasta el motivo de risa por lo que para cualquiera debería ser intocable y prohibido. ¿Cómo puede ser posible?
Solamente me gustaría decirle, bella dama, lo que usted realmente es.
Me gustaría referenciarle, lo grandiosa que es, sin necesidad de tener que mirarla a los ojos. Y aunque, somos conocidos muchos de los de mi género por muchos aspectos, le puedo decir únicamente a usted que no necesito tan siquiera bajar la mirada de su boca, para fijarme en la belleza, que lleva dentro. 
Debo reconocer, que el tiempo con usted se me hace efímero cuando la veo, cuando la siento, cuando la escucho. Y que, el tiempo en su ausencia es más que largo, como sentir un año entero en pocos días.
Mi admiración por usted, es tal que, he visto sus colores por cualquier parte de mi habitación. Que el más minimo trozo de arte y de música, me hace recordarle. Que realmente, mi caligrafía lleva parte de sus manos, y de su voz, para plasmarlo en cada mensaje que quisiera darle.
Nunca me pregunte sobre lo sucedido, lo venidero y el presente. No soy fortuna, no soy piel, y podría decir que ni siquiera un trozo de ternura. Pero, podría asegurarle vida eterna en mis letras, en mis pensamientos y en cualquier carta y manuscrito que se me ocurra, desde que la conozco, en adelante.
Y tal vez, el mensaje empieza diciéndole... ¿O diciéndote? Ya no sé expresarme. Ya no tengo en mente lo que debo escribir, pensar e inclusive actuar. ¿Eres tú?
Es curioso cuando lo pienso. Y tal vez no comprenda lo más esencial de lo que me puedo a llegar a enfrentar. Soy por ahora un hombre que piensa en ella, tal vez más de lo que me podría detener a hacerlo al vivir, y me encuentro en una espiral insensata, cada vez más oscura.

Sé que si continúo bajando por las escaleras, me enfrentaré a un camino cada vez más complicado de volver a subir si no encuentro más descenso. Pero, así mismo debo tener la conciencia, en el hecho de que si es correcto que el pasado pretenda una repetición, haré lo mejor por escribir cada una de mis crónicas llegando hasta la más profunda superficie, y mi eterna vuelta hacia arriba.

No niego ahora, que pareciera simplemente un romántico empedernido extrañándole cada vez que vuelvo a inhalar. Que estoy intentando revivir al mismo ser que desde hace varios treintas no pisaba tierra. Él es quien tiene más fobia, porque sabe todo lo que ocurre. Pero, como le dije entre murmuros: "Hay que escapar del miedo humano a sufrir", porque solo así sabré a cada momento que vuelvo a vivir. Y si esto no sucede, me daré cuenta que podré dar mi alma, y aún seguiré siendo humano, con ella.

Ella. La mujer que me enseñó que un cielo gris no es triste, y me hizo ver ese panorama como lo más hermoso. Con quien no debo temer a el agua que cae de a gotas en el cielo, y de quien estoy seguro que, podría estar escribiendo este mismo texto, dentro de sus mismos sueños. ¿¡Quién sabe!? Solo ella. La misma que ya leyó un pequeño trozo de inspiración manuscrito, de un personaje que no conoce. De un Caballero del que no posee idea. Y que, seguramente habrá construído en su mente poco a poco, a través de cada letra. Y ella, la mujer que con una mirada tímida logró remover hasta los más inhóspitos deseos míos por sentir y hacerlo sin miedo. La misma que sé que, en un punto desesperado de mi imaginación, la consideré Solitaria. La más hermosa, la única hermosa, la única. Es ella... ¿La Dama Solitaria?

sábado, 17 de enero de 2015

Después de la Traición

Llegué a mi casa, y le dije a la primera persona en quien pensé la frase "Ha pasado".
Es increíble a veces, hasta dónde llega el límite del cinismo humano. Inclusive, me pregunto cómo nos afecta eso. Pero, como en alguna ocasión dije. "La bondad no es para todos".

Y no lo niego, el ser humano está destinado a perder. A fallar, y desafortunadamente, a lastimar, inclusive cuando no lo queremos. Esta es la vida, y jugamos como en una partida de parqués, a que las fichas queden acomodadas. Realmente, los cuadros son infinitos, y nunca se logra terminar el tablero, pero siempre tenemos como ideal llegar a un "Seguro", del cual nosotros pareciese que no quisiéramos salir.

A veces somos nosotros los que mandamos. Y disfrutamos mucho ver a otros perder. No somos adultos del todo para siempre, pues muchos lloramos y lamentamos nuestra "repetición de la partida" como si fuésemos un niño, que quisiera nunca ser lastimados.

Cada quien, con sus convicciones, problemas y soluciones, en ocasiones tenemos que sacrificarnos: Una ficha por otra que hemos dejado ir, o básicamente, no dejar que el otro gane por completo. En casos remotos, seremos la carnada, para que otros pierdan.

Es triste, porque no estamos destinados a una vida perfecta. Pero es interesante pensarlo una vez más, porque a fin de cuentas, la enseñanza de nuestra existencia es reconocer que lo más preciado es la vida, y que perder debería ser un elemento para sonreír, para subir la cabeza y darse cuenta que no son las oportunidades, sino el tiempo el que se nos acaba.

Dinero, relaciones ajenas, placeres, pensamientos lujuriosos, los lujos, la "buena vida" y demás... ¿Qué hay de malo? Realmente, no daré mi opinión. Cada uno tiene su opinión al respecto, y no es algo tan simple de pensar. Muchas veces estamos listos para tratar de "ganar un poco más", pero hasta el mejor jugador de póker sabe que en algún momento tendrá que volver a perder para continuar.

Hoy, después de avistar lo que nunca creí posible, y ver a una persona que dentro de su compromiso, rompió contra sus leyes naturales propias (y por quien siento aún el vació más irónico de la vida), me atrevo a cuestionarme sobre nuestras razones por ir más allá. ¿Querer un poco más? No sé. No puedo negar, que inclusive este Caballero Solitario se ha atrevido a probar de aquel fuego tan hostil y peligroso.

Nadie sabe lo que es esto, pero muchos queremos jugar con fuego. No voy a negar mis errores, pues la perfección humana es inalcanzable. Pero, a veces jugar con tantas cosas, es el delito para mentes débiles. Mentir no es para cualquiera, y hay que prepararse mucho para tener la mente firme, a pesar de que lo que decimos no es lo que realmente ocurre por nuestra vida, por nuestra realidad, o por nuestra condición. Así describo lo que sentido yo, cuando deseo fundir un poco mis falanges.

Más aún, es terrible que nadie llega a la pregunta más trascendental de este tema: ¿Vale la pena?

No siempre estamos preparados. Y hay que ser una persona muy astuta para poder obtener lo mejor de aquellos delirios del alma. Cada caso, es posible. Y el día de mañana, puede que inclusive aquella ficha que nunca creímos, esté unos cuadros por detrás, amenazándonos con perder aquella partida perfecta.

El mayor problema, no es perder (Porque siempre uno mismo se podrá volver a recuperar). Sino, más bien, el efecto que tiene en nuestra partida para más adelante. Pues, podemos tener infinitas formas e hipótesis de lo que podemos hacer, pero nunca estaremos listos para volver a echar las manos al dado para otro par. Este problema, que puede ser tan destructivo como cualquier virus, es que casi nadie piensa en ¿Qué podría afectar esto a mi vida?

No hablaré desde el punto de vista religioso, pues no me interesa ser dogmático en este ámbito. Más bien, debo decir que nuestro "sentido común" debería poder llegar más allá. Poder estar seguro de que se puede aportar algo más a la existencia, y que los problemas subsiguientes a lo que hayamos hecho (si sucediesen), hay que tenerlos en cuenta.

Porque, recuperarse de una caída no es tan sencillo como el deseo de caer. No somos "indestructibles", y somos nosotros los que podemos salir más afectados por una situación tan beneficiosa, a la cual podríamos no notarle ningún inconveniente. Reír, tanto como se pueda, y verse en la cima del cielo. Pero como dije, nunca estamos seguros si en algún momento, otra ficha de otro color está detrás de nosotros. O mucho peor, que esta misma ficha nos deje en la ruina por unos pares consecutivos.

Doy fe a que el ser humano puede y es capaz de poder tener en la mente tantas opciones como pueda, pero todo depende de dos cosas: De una decisión nuestra, y del azar.

La decisión nuestra nos garantiza la seguridad propia de que no llegaremos a perder por nuestra culpa. Pero, el azar nadie lo maneja. Ni tú, ni yo, ni nadie de los que conozcas o tan siquiera veas en algún momento de tu vida. Es por eso, que no estamos a salvo, de tan terrible peligro. Y de ahí, se explica que, somos nuestros peores enemigos, nosotros mismos.

Este escrito quería llevarlo hacia otro punto. Otra historia, u otro pensamiento alrededor de mí. Pero me interesé más por aquello que percibí más en la vida. No me quiero dejar de lo ocurrido. Llevarme por lo nocivo, y suicidar mi mente con las ideas. Preferí dar mi perspectiva a algo, de lo cual algún día tendría que hablar.

Después de tanto pensarlo,y dar treinta vueltas después del suicidio a los sentimientos, me he dado cuenta que, la traición no es más que la Jugada de Doble Filo. El resultado de un mal prospecto, de un momento mal aprovechado, y de cosas que se olvidan de a momentos. Sin importar la religión, raza, edad o sexo, esto es más que lo que puede comprometer una decisión. Y, perder es la opción por más confianza propia que exista.

Esta es la ironía de la vida. Y la lección de los que creen ser fuertes. La única jugada a la cual podemos estar nunca acostumbrados. Y aunque, hagamos tratos diplomáticos con un jugador de la misma mesa, no siempre vas a tener la certeza de que por detrás, casi que por obligación vuelvas de nuevo a repetir el colorido cuadro. Es triste, por el sabor amargo del futuro. Pero es más interesante, porque siempre se podrá volver a retomar la partida perfecta que tenemos. Después de todo, quien juega bien puede ganar, y siempre podrá recuperarse, Después de la Traición.


miércoles, 17 de diciembre de 2014

Un canto a la literatura.

Lo mismo de siempre: Las llegadas tarde, mi soledad, mi corazón, mi mente retorcida, mi locura, mis contratiempos... ¿Qué podría cambiar? Una enseñanza valiosa.
Al ver que iba un poco tarde de mi residencia, decidí apurar el paso. El problema es que el trajín no ayuda mucho. Menos aún sabiendo, que uno de mis mayores defectos es dejar todo para después de última hora (Por ello, me atrevo a decir que no soy capaz de ser valioso para una mujer, entre otras causas).

Debía llegar a las 2:00 pm, hora para la cual yo, siendo un docente domiciliario, tenía que estar dictando temas de matemática. Sin embargo, una hora antes estaba terminando de alistar mis cosas, para salir directamente rápido, proporcional a la demora que calculara yo, que iba a tener.

Era una muchacha de escuela. Supuse, en mí mismo que sería corto y fácil, a diferencia de las tres horas que decía la madre de ella, teníamos que demorar. Me dije que no cabría tanto tiempo, y tenía la esperanza de que mi paciencia no se acabara para la media hora, que tenía en mente, demorarme.

Sin embargo, lo que sale mal, termina siendo de esta forma. ¿Quién dice? Quién sabe. Lo único que sé, es que soy el único caballero, a quien verdaderamente siempre le ocurre algo diferente a la hora de tener que llegar puntual. A veces lo logro con suerte, otras veces he merecido algunos regaños.

Siendo así, me dispuse a esperar el bus, el cual demoró más o menos, media hora (Hacer de cuenta, que debía llegar en 20 minutos a cien calles de distancia). Yo murmuraba mis típicas palabras soeces que me identifican. No sabía qué hacer. Pero, al ver que el número de la ruta empezaba a aproximarse, hice la seña para que pudiera subirme, y de esta forma, empezar una travesía por toda la ciudad.

Es curioso. A veces, pienso que siendo hombre, la intriga de un docente como yo, es saber cómo es la futura persona a quien escucharás y de quien obviamente, tendrás que resolver dudas. No iba a ser la primera, pues aproximadamente cincuenta personas había escuchado antes, y ella simplemente sería una más de la lista.

Pero... Cuando se trata de mujeres (o más bien, una persona del sexo opuesto), siempre va a llegar la misma pregunta: ¿Cómo será? ¿Será bonita? ¿Y si, llega a haber una conexión entre los dos? ¿Qué tal no guste de mí? ¿ Qué tal sea seria? ¿Lo será? ¿Y si no lo es, qué haré?

Bueno, realmente son muchas más. Sin embargo, el trabajo de un docente es dictar su clase, dejar las dudas inexistentes y ser responsable en su trabajo. Hay que reptar las distancias, y saber que somos personas que solo debemos limitarnos a nuestro deber.

Pero bien, eso lo pensé en menos de unos minutos (aunque quedó sonando todo el trayecto, como siempre). Lo demás, fueron conexiones entre otras cosas, y el mismo tema, que acabo de referir. Y fue así, como duré un tiempo largo (exhorbitante), dentro de un bus con el cual mi paciencia se pondría prueba. Pues, no solo recibí cualquier cantidad de llamadas de la madre, sino que además, podría temer porque a fin de cuentas, no tuviera trabajo, y tuviese que regresar sin "nadita que comer".

Eran las 2:30, hora que suponía, ya era el fin de mi desgracia. El problema, es que no había acabado más allá de la mitad del trayecto. Sesenta calles faltaban, y no era un gran avance, siendo sensatos. Yo seguí pensando sobre aquella chica con quien tendría la clase. Muchas veces, el tema se hacía muy profundo y algo molesto, como cuando uno mismo prueba un sabor muy ácido.

Pensaba, con tono de esperanza, que esa chica sería bonita (Aunque hay que aclarar que, realmente no influiría en nada. Curiosamente, me gusta tener buen trato con la gente simpática. Realmente, las intenciones de algo más, son solo señuelos del corazón). Sin embargo, no pensé mucho en sus gustos, sino más que todo en su genio. Y es extraño, porque siempre me gusta armarme de mucho humor, pues me encantan las clases "charladas", realizar un poquito de vida social, y romper un ratico el hielo, para no hacer amargo el momento.

Pero... ¿Y si es una persona seria? ¿Y si realmente mi humor no conecta con el de ella? No sabía que sentir. O qué pedir. Pues, no basta con dar largas risas, si realmente no cumplo con mi cometido.

Eran las 3:25 pm. Una hora y media tarde, la verdad con mucha preocupación, y algo dentro de mí que llamaba al fracaso de la ocasión. No sabía ya qué era lo mejor para el momento. Y, bajándome del bus acalorado, pero afuera lloviendo, caminé apresurado, como si cada paso fuera a retrasar un minuto mi demora. Pero, faltaba una cerecita para el pastel: Su residencia era un apartamento, un "conjunto residencial", como le llamamos los de mi tierra (o por lo menos, yo). La mala indicación de la persona que aguardaba en la entrada, era tal que tuvieron que llamarme para que me recogieran.

Curiosamente, la chica me tuvo que ir a recoger. Me dijo "¿Eres El Caballero Solitario?*" Yo le dije que sí, que efectivamente era yo, mientras hacia un gesto amable (lo menos que podía hacer después de una hora y media de retraso).

Subimos, conversando del tema que debíamos resolver. Me di cuenta que la chica solo tuvo mala suerte. Necesitaba ya esta clase, como la decisiva para obtener el cartón, y eso es mucho decir. Además, era tan poco el contenido que ella se limitó a referenciarme en pocas palabras lo que necesitaba.

Al subir, dije "Por fin llegué". Y salió una señora, de unos sesenta y cinco años (Supuse que era la abuela, por una conversación que posteriormente había tenido ella con la señora). Detallé a la chica de un solo vistazo. O bueno, sus ojos. Tenía un piercing, algo que de por sí, siempre repudio yo en una mujer. Sin embargo, no veía ese problema en ella. Tenía un rostro bonito, y realmente su actitud era suficiente, como para que ni siquiera tuviera que bajar los ojos más allá de su cuello.

Llegamos directamente rápido a la mesa donde estudiaríamos. Y empezamos, con mucho afán (pues la madre decía que aquella chica debía estar en algo importante en una hora y media). Por mi parte, lo único que podía decir, siendo las 3:45 pm, es que recibiría solo un tercio de lo que pensé recibir. ¿Valdría la pena?

Pues, aquella clase, terminó exactamente una hora después. Entre risas, mucha charla y algo de conversación, la duración era más que exacta, y no había modo de cobrar un poquito más (pues era salir, e ir a comprar un regalo, para una mujer por la cual ni siquiera sabía yo por qué tomaba la decisión de hacer sacrificios).

Al acabar todo, seguimos hablando. De mi carrera, de sus futuros estudios. Del futuro próximo que cada uno esperaba, y la información sobre el semestre. Nuestras materias favoritas... Todo muy superficial, ambos somos muy reservados. Así que, quince minutos después de haber acabado, me puse mi chaqueta (por dentro mío, sabía que no quería irme. Habíamos reído tanto, y su risa era tan especial, que realmente era imposible poder salir de ahí).

Dentro mío, quería mantenerme ahí. Es una mujer conversadora, a la cual seguramente le gusta esos momentos de café interesantes que no muchos hombres estarían dispuestos a tener. Nunca había tenido tanta afinidad, y tan buenos momentos en una charla. Inclusive, en un punto en el que ella me pregunta por una medalla que ese día llevaba colgado (que me puse de afán antes de salir de mi casa). Era de una banda llamada Iron Maiden, y es una de mis reliquias desde hace ya varios años. Se la había comprado a un tipo que conocía, en los inicios de mi Vida Musical.

Con la cabeza por fuera y mis deseos de quedarme adentro, con la seguridad de que saldría de allí muy pronto, hice una pregunta con la que solo esperaría una respuesta antes de irme: "¿Qué música te gusta?". Ella me dijo con convicción que le gustaba el Rock. Y realmente, una mujer que no se incline por gustos musicales urbanos, o "de calle", es difícil verle. Con su pregunta inicial sobre mi reliquia, sabía que sus gustos eran obvios. Pero, quería dar esa gotita de agua, de la cual nace el mar.

Empezamos a hablar, sobre bandas, sobre géneros, sobre todas las bandas favoritas. Y me di cuenta que era igual a mí en el plano musical. Toca piano,y guitarra desde hacia mucho más tiempo que yo, Mi interés se hacía grande. Y brindábamos temas de conversación que a ambos nos gustan. Sentí en ese momento, la conexión que no se logra siempre, Con risitas tímidas, y una que otra mirada fija. Era increíble, Pues siendo yo el solitario que siempre ha amado las conversaciones interesantes, en las que se mantiene el fuego de un buen humor, estaba interesado en mantenerme.

Todo iba bien, pero dieron en mi punto más débil: La lectura. Realmente, siempre he sido más un hombre de escrituras, de escribir palabras, frases, poemas y versos a la vida. Realizar cantos a quienes pueden en algún momento existir, y a la vida misma, en su máximo esplendor. Mi interés por la lectura no ha sido lo mas fuerte que mantengo. Y aunque manejo un léxico que apenas puede diferenciarse de la muchedumbre, no siempre soy bueno en esto.

Le pregunté por una frase que había escrito. Ella me referenció a un escritor (Del cual nunca escuché, y temía por mi reputación). Así que le pregunté sobre su corriente literaria. Ella me dijo "Depende de cómo lo veas". Y en solo una frase, ví mis esquemas rotos, y todo lo que pudiese saber, en el punto de una eterna duda. Me quedé callado un segundo, y le dije que no recordaba quien era. Así que ella, con tono esperanzado por mantener una conversación entre dos amantes de la literatura, me dijo "A ver, una pista: Su obra más conocida es", y dijo el nombre de un libro, del cual no recuerdo ni siquiera su primera palabra.

Ya no sabía qué hacer. Sabía que ahí, en ese preciso instante se había acabado el interés de ella. Así mismo, se notó. Pues, al responder que solo había escuchado de su nombre, me dijo que debía investigar más de él. "Deberías averiguar quién es, y hablamos". En una frase, mis esperanzas habían sido cortadas con el filo más fino que puede haber: El de una palabra.

Sin embargo, siendo ya las seis de la noche, no quería irme. Quería quedarme un poco más, pues sabía que no duraría mucho en dejar de hablar con ella. Se iría a otro país pronto, y no tendría oportunidad de un espacio para verla. Así que utilicé mi humor para convencerle. Pero hubo un momento de silencio, en donde la palabra virtual se hizo presente, y la habitación no tenía sonido alguno. Pero, hubo un momento, en el que con mis típicas ideas locas, ella soltó una carcajada pequeña, pero dulce.

Es en ese punto, en el que un hombre, puede enamorarse. Con solo una carcajada. No sé si en otros pase, pero en mí sí. A veces, la risa es el mejor alimento para unir, para convivir y existir. Y no hay nada mejor que eso. Porque después de la risa, lo que viene es el idilio. La esperanza, y una manera alegre de continuar con todo.

Continuamos hablando, hasta el punto de que duramos una hora más. Se notaba ya, que ella quería verme ir. Y por lo que analizaba, ella presentía que yo debía sentirme perdido. Por lo que, ella dijo algo que jamás en algún momento pensé: "Te acompaño hasta el paradero". Por un momento creí que ella quería seguir hablando conmigo. Reír un poquito más...No sé. Todo se vio a favor mío, mientras hablábamos y pasó un pequeño bonito momento, mientras la agarraba de los hombros, haciéndola reír un poco. Pero, al llegar al paradero, con la esperanza posible de que, ella se quedara un ratito más, me agradeció, se despidió casi corriendo, y se devolvió.

Ahí en esa despedida, quise hacer algo más. Por lo que, le agradecí la conversación. Suena extraño, lo sé. Pero, sé cuándo estoy hablando con alguien de quien se puede aprender. Y ella fue una de esas personas. Una estudiante, de la cual aprendí mucho.

Después de media hora, tuve que irme en un bus de regreso que no me servía. Comí un  helado al bajarme, y después tomé otro bus con destino a mi casa. Realmente, me quedé con carita de niño feliz, al sentir esa aceptación de otra persona. Aunque claro está, para ella debo ser un tipo con falta de seriedad, por mi llegada a tal hora.

Estaba seguro de que no habrían más clases con ella. No habrían más conversaciones. Aunque, si las continué, enviándole un mensaje de aliento para el día en el que ella debía presentar una prueba para recibir su cartón, a lo que ella me respondió con un agradecimiento grande.

Y lo curioso en este caso, es que la historia aún no finaliza. Sin embargo, lo que puedo concluír por ahora, es que aquella mujer pronto se irá, pues es la vida a la que me he acostumbrado. Mi soledad, la que me ama y jamás me deja ir. Aquella celosa que me arrebata cualquier deseo más allá de mi existencia.

¿Pasará algo algún día? Tal vez por ahora no, pues debo estar consciente que estoy comprometido con una persona, que aunque retoma mi soledad para acomplejarla, merece de mi parte mi fidelidad.

Mientras tanto, ella viajará. Seguramente me olvidará, y me podrá catalogar como un hombre de risas, solo risas. Seguramente en sus libros me encontrará con otro nombre y diferentes vestiduras ¡Quién sabe! El futuro es lo único que va acabándose en el presente. Y lo bueno, es que el futuro siempre tendrá que llegar, algún día. Mientras tanto, yo me encargaré de buscarla en los libros que no he leído, y en las historias que planeo algún día escribir. Esa chica, cuyo nombre no olvido, permanecerá en mí como aquel amor imposible. Porque fue capaz de cautivar con pocos recursos. Y sé que ella tendrá un hombre que la acompañe. Pero no me importa, Por ella, siempre estaré haciendo lo que hace un tiempo estaba buscando: Un canto a la literatura.

jueves, 20 de noviembre de 2014

La luz, el foco, el lente, y yo.

Una historia, que si la entiendes, supongo que sabrás lo que comprende ser luz, o ser oscuridad.
La luz. ¡Cómo anhelarla! Como desearla. Pues, cada centímetro de cada paso me doy cuenta que es aquel punto bien definido en el camino.

Luz... Ella. ¡Quién sabe dónde habrá estado! No sé si hubo falta, o si hubo exceso. Puede que mi olvido tan confuso y complejo me esté llevando a tener que dejar poco presente lo que sucede.

Sin embargo, pensar en la Luz, es inmensamente diferente. Pues estar detrás del vidrio, no me hizo dejar de necesitarle. Fue como el deseo impetuoso de dejar por fuera todo lo malo, a pesar de que iluminara en mi mente. Nunca supe hasta qué punto fue malo o bueno, pero me alejé por un buen rato, como si eso llegase a ser mi solución.

Y después de estar en la acera, subiendo y bajando escaleras, solo me topé con el encuentro de yo, conmigo mismo. Sí, suena raro. No lo niego. Pero, es aquel momento, específicamente, donde uno mismo se encuentra con su propia imagen, con ese "producto" dado por todo lo que ha ocurrido.

Así mismo, me estoy dando cuenta de cuánto me hace falta la Luz. Aquella que deseé por tanto tiempo, y de la que realmente, ni siquiera su nombre volví a escuchar.

Por otro lado, la imagen me hizo ver que en la mano, llevo un foco. Ese foco, era sustancialmente particular, porque era intermitente. Diría mi madre, que simplemente está fundido. Pero, no lo está, pues siempre vuelve a funcionar: Como si hubiese un interruptor, como si aquel foco tuviera la decisión propia de encenderse y apagarse.

Tal vez esa vista me hizo un poco empedernido al deseo de encontrar la causa de todo esto. Pues no era solo eso lo que me impresionaba, pues aparecía con algunas arrugas, y una zona específica, con ciertas quemaduras, como si estuviese hecho cenizas dicha parte. Era la parte del pecho, justo en el centro, como si en vez de corazón, tuviera un pequeño trozo de metal ardiente y fundido.

Más allá, encontré que se hallaba un lente detrás mío. No sé exactamente si era de esa forma, de esa naturaleza. Sin embargo, podía entender que era una pequeña iluminación, que según el reflejo, podía dar en mí en ocasiones, o simplemente separarse hacia otro punto. Fue desconcertante, porque además hace ya un tiempo atrás había apagado el fondo, era todo oscuro, y solo tenía el foco, y ese pequeño lentesito.

Por lo que después de todo, preferí empezar a caminar ( o a continuar haciéndolo). "Todo indica que el alrededor está oscuro", Por lo que, estaba sobreviviendo solo con aquel foco, que aunque poco podía iluminar, podía hacerme entender el panorama.

Entre todo, encontré algunas bestias. Más que todo, lobos, lagartijas y unos cuentos insectos. Lo triste, es que sentía cómo lo que conocía fue cada vez menor. Pues, entre la oscuridad sabía que era un lugar donde cada cosita dentro de ella la conocía. Pero, con el avanzar de los pasos, me topé con una selva más espesa, más llena de alimañas aún mas desconocidas.

No sé... Es fascinante la aventura, dije. Pero, sentía miedo. No es lo que parece. Pues, caminar entre una selva oscura con solo un foco que te alumbra casi cuando lo desea, es algo difícil.

El lentesito se había perdido. La Luz aún más. Sin embargo, quise vivir ahí con ese foco, para que me alumbrara y en lo posible, calentase lo poco que pudiese. Y aunque no niego que muchas veces sentí el frío, entre sus intermitencias lograba dar más de lo normal para alumbrar. Pero cuando necesitaba calor, cuando tenía miedo, o cuando simplemente era la misma neblina la que nublaba, era el justo instante para sentirme solo.

Sin embargo, con el pasar del tiempo, seguí caminando. Pero, al ver que dicho foco cada vez se apagaba más (o inclusive quemaba mis manos cada vez que pensaba en la Luz o el lentesito que se desapareció), Fue así como me di cuenta, que realmente mi camino ha estado cegado desde el comienzo. Porque, caminar con una luz intermitente es complicado. Y tal vez, solo tal vez, hoy en día ese foco no logre dar lo que era antes.

Así, pasé de bosques y mesetas a desiertos. Y nadie sabe lo que sentí, entre el invierno inhóspito de un lugar poco conocido, con un calor que se iba demasiado, y la oscuridad a flor de piel. No era fácil aquella "aventura" que en un momento planteé.

Así, es como después de continuar trayectos cortos, largo y hasta encerrados, apunté en el piso mis recuerdos (que con el tiempo se borran de la cabeza por diversión de lo que haya dentro de mí). Y, sin preámbulo en intermedio, caminé. Más y más. Una y otra vez, lo hice hasta llegar al punto de volver a ver algo conocido.

Todo oscuro, todo frío se tornó el ambiente. Sin embargo, al poder reconocer algunas cosas ( ahora por algo de luminosidad), entre las que estaba aquel lentesito, supe que a veces esos trayectos pueden ser complicados.

No lo sé... Con lo que me he mantenido, en este pequeño cuarto en medio de un campo abierto, al espera de lo que haya, me doy cuenta que la Luz, que encontré de nuevo y anda conmigo, está ahí dándome apoyo para levantar la cabeza. No niego que a veces es más tenue su intensidad, pero jamás deja de ser tan fuerte, aunque menos de lo que fue antes de irme.

Y después de mucho pensarlo, me di cuenta que el foco lo llevo desde el mismo tiempo que decidí llevar en la mano algo más. Que aquella quemadura fue entendible, pues cuando volví a verme encontré algunas cenizas, y un color vinotinto, que era despreciable frente a la oscuridad de su borde. El lentesito, brilla pocas veces, y en ocasiones me brinda un poco me compañía.

Pero entre todo, me pregunto qué fue. Pues, ahora la Luz alumbra más. Y aquel bombillito, está en mi mano. Aún así, lo quiero soltar, pero no quebrantarlo. El lentesito sigue siendo el mismo, y ahora pareciese como si fuese esa Luz la que me hace encontrar un buen momento y una gran visión.

No sé... Hasta el día de hoy me sigo preguntando lo mismo. Pues, llevo un foco, un lente y una luz. Pero... ¿Quién está alumbrando más? No lo sé. O puede que si, y esté empezando a aceptar la respuesta después de notar la imagen del espejo. Porque, en últimas está la luz, está el foco, el lento y yo. Y de esta historia, el blanco es la única verdad.

domingo, 21 de septiembre de 2014

Carta a la ingratitud

El recuerdo, es como una flor silvestre: Puedes acariciarla, puedes olerla y puedes admirarla. Sin embargo, lo que es seguro, es que apenas la toques, sentirás alguna de sus espinas. Por ello, el olvido no existe en su totalidad. Solamente, la precaución para tocar aquella flor.
Ha pasado tiempo, tal vez demasiado después de aquel hecho. Después de aquel tormento, que sin dudas me hizo alguien peor. Es la pena que se fue de mi vida, después de mucho tiempo, tanto después de que la piel hubiese sido el inventor de la traición.

Hoy en día, eres solamente aquella persona que reaparece como la luz en un sótano. Tan solo el viento que traspasa en un baño cualquiera, y el aroma de un cuarto totalmente vacío. Afortunadamente, eres lo que jamás pudiste llegar a ser, y tal vez, lo que siempre seguirás siendo.

Al día de hoy, no es más que un simple recuerdo insulso que me llega. Es rencor. Es aquel punto donde me doy cuenta que mi interior no lleva únicamente bondad. Es la maldad que hostiga el pensamiento, y que a su vez mata al corazón.

Realmente, han sido horas. O no, tal vez días. O un poco más: Meses. E incluso, años. Años, en los que me he encontrado conmigo mismo. Y con los que, lidiar con todo ha sido mi mayor delirio. Ese disgusto, que envenena el alma, y deja sin pudor a la más simple de las ideas.

Ese personaje eres tú. Aquella zona inquieta que raya lo absurdo, y lo inútil que puedes llegar a ser en un momento donde la necesidad es más que obvia. A fin de cuentas, mi furia siempre aparece, cuando de recordar la historia siempre se trata. Narrando y narrando, como si de verdad tuviera la capacidad de decirlo, con la misma valentía que se tuvo para realizar esa traición.

Le quiero decir, que al día de hoy, mucho ha cambiado. No digo que haya sido quien dio el inicio, pero si quien marcó el auge de lo peor que ha sucedido. Y la mancha de sangre que recubre cada célula que se mantiene con esa viva gana de venganza pura.

Eres y dejas de ser. Desapareces, pero vuelves cuando mi mente lo desea. El mismo acto suicida que pasa por mi mente, y el recuerdo de que soy recipiente de infidelidades dolorosas.

Le quiero decir, que hoy me siento igual que ayer. A ese ayer en el que más que una Independencia, marcó un fin de una pequeña parte de la esperanza. Que tal vez, con letras, reafirmo lo que siempre me hace mantener las entrañas dentro de cada verso, atascado en el papel.

Ingratitud, como deseé llamarle, es lo que es. Eres lo que es. Es lo que eres. Y no serás más. Pues, al día de hoy, solo hay sílabas que me llegan por el susurro del trino de un pájaro. Por el deseo impetuoso de un mensaje con palabras bellas. Pero jamás, el detalle de necesitar la voz, la alegría, o una sonrisa.

No eres más que el simple látigo del infame, que solo golpea, porque simplemente lo hace. Ya ni siquiera lo piensas, y aún así te sientes completamente viva, llena de prospectos y proyectos.

Y por allá, más al frente de tus ojos, sabrás que aquel hecho dejó perdido el valor de una buena frase, y un bonito momento. Uno de un par de treintas, para llegar a aquel día.

Y aunque, si no he llegado mis limites me mantengo, mi perdón y mi olvido siguen en el mismo punto: A punto, y en el punto de no dejar pasar su rostro. Un perplejo murmullo, sé que es lo único que logra pasar.

Más aún, es ese rencor, y mi sed vengativa, que me conlleva a golpear mis letras. Mis puntos. Mis comas, y mis signos. Porque solo ellas me pueden entender, y saber los pensamientos detrás de cada chasqueada de dedos.

Señora Ingratitud...Señorita. Al día de hoy, después de varios años, mantiene el mismo pensamiento y dura perspectiva. Quien robó amistad por un beso, y lujuria solo por deseo. Más solo sé, que aquella persona capaz de ser tu confidente y tu cómplice, resultó siendo un victimario más, que logró arribar hasta cada centímetro de tu piel, mientras yo rogaba desde mi propia silla volverte a ver.

¿Es eso justo? El punto de no olvidar mi martirio, y convertirme en un esclavo. Aunque siendo todo equilibrado, es la locura, la ceguera y el ánimo, lo que me mantiene intermitente a esto.

La primera letra del abecedario, que conlleva mi alma en perdición de llamas, y un a escopeta llena de flores marchitadas queriendo arribar por la copa de la champaña que pienso dejar de beber. Más, más y más, eres tú.

Pero, aunque hayan flores vivas en el jardín, seguirás siendo mi querida Ingratitud, y uno de mis esclavos terrenales, queriéndome convencer, de que vale la pena ser un infame sin escrúpulos.

Hoy en día, puede que pagues una condena, o solo disfrutes de tu vida. Sé que estas letras jamás llegarán a ti. Más solo sé, que si te vuelvo a ver, tan solo veré con desdén los ojos que sé que podía mirar fijamente. Pues afortunadamente, tu apodo de felpa no afectará nada en lo que piense.

Señorita, Señorita Ingratitud. Eso eres, y seguirás siendo. Un amor del pasado que ahora llevo desde lejos, con la promesa de no volverte a hablar. Y aunque cumplí ese pacto, siempre brillarán algunas pocas rosas del jardín de aquella arma.

Porque descansando entre verde, podrás escapar, y alejarte de mi. Pero afortunadamente, hoy se cumplen meses desde tu partida. Con el miedo de volver a escucharte, hablarte y verte. Pero sé, que no seré más esclavo, sino feudal. Dueño de mí y lo que puedo llegar a ser y hacer.

No eres más que la página, que he dejado doblada en el libro. Tal vez manchada de tinta, y marcada con su nombre. Esperando, algún día, poder saber que aquel error, aquella traición, que se llevó de mi vida aquel amigo mío, fue solo una cruel y dura mentira. Pero, al despertarme, siempre lo comprendo: Fuiste tú, quien me enseñó que la bondad no es para todos. Y que no todos, tendrán la capacidad de hacerte feliz. O simplemente, no sentir lo que sientes tú: Ingratitud.

viernes, 1 de agosto de 2014

Seriedad del Villano

Entonces me preguntó que había sido, de aquella vida de mujeres riendo desde lejos, y saber que había un apoyo universal. Encontrarse como si hubieses sido un casanova. Preguntar todo ese pasado, ese cambio, ese devenir y ese delicioso momento del amor, que poco a poco fue divagando esos tiempos. Reí con mi único amigo, mi mejor amigo. Y saber que, llegar a un punto que es totalmente opuesto al que estabas. ¿Qué pasó?
"Tomo café". "No hago nada". "No me siento."

Recuerdo esos tiempos y días, en los que era de "aquellos" llamados "populares". Ese granito de alegría de reconocer que, vas por la calle y alguien te conoce. Alguien te pregunta como estás y siempre habrá alguna persona, que te dirá que si aceptas una relación efímera.

Sin embargo... Resulté siendo un villano. Un tirano. Una bestia completa, de la cual se hablaba que muchas veces se convertía en picaflor, buscando cualquier gota de cariño barato, o muchas veces infantil. Muchas veces vacío, o solo con el interés erróneo, de que "estar con muchas es ser feliz".

Pero, realmente jamás fui villano: Los héroes se reconocen porque solo relucen buenas acciones, y son astutos para esconder lo insulso. En otro caso, siempre serás villano. Para alguien, para algunos, para todos.
Y a mi, un tipo callado que empezó desde el comienzo de su "vida" a abrazar las palabras, buscar el cariño que realmente no poseía y dar todo por ser un hombre gentil, trae graves consecuencias.

Palabras grotescas, a veces aterrorizantes, se me fueron atribuyendo. Me incluyeron ladrido, y hasta pelaje. Pero... ¿Desde cuándo eso? ¿Cuándo realmente me convertí en un ser sin escrúpulos, que buscaba la falda de las chicas, y entronaba besos deseables, casi acostumbrado? ¿Desde cuándo mi nombre no daba igual a mi apellido, y simplemente lograba un apelativo así? Con el tiempo logré comprender.

Al comienzo, fue algo que sin precedentes, y de imprevisto, sucedió. Como una persona cualquiera. Tal vez con hambre de tener una vida llena de gente a la cual le lograras importar... Así fue como, me habló una chica, de la cual recuerdo su nombre, y el apodo que en un futuro apliqué.

Y así, empezó todo. Como si fuese un tipo querido, sencillo y con motivos para reír y hacer reír. Daba esos motivos para una conversación amena, aunque todo fuese tan lejano y tan distraído.

Sin embargo, el pasado solitario que había llevado, llevó mi alma a tener que recurrir a conocer más. De hecho, conocí y conocí, y volví a conocer gente que era de diferentes partes. Aunque muchas de esas personas, convivían de un mismo lugar.

Y así, me condené, poco a poco, codo a codo, con palabras y señalizaciones. Dormir con el consentimiento de otros para que te nombraran como quien no eras. Así mismo, mi mejor amigo pensaba que era un "casanova", por conocer muchas mujeres.

Aunque realmente no fuese tan intrínseca la demostración, siempre hubo el espacio para mis dudas. Porque, no todos son amigos: Así me di cuenta. No hay forma en la que puedas convencerte a ti mismo, y tomar elementos seguros de que tienes suficientes amigos, o amigas. Me fui enredando en una telaraña, de la cual me sentí cobijado: Amigo de muchas mujeres, un buen conocido de muchos, el enemigo amenazado de unos cuantos, y un buen compañero para hablar.

Pero no faltaba, aquella persona que verdaderamente, no decía nada. Absolutamente nada. Era como hablar con la conciencia durante un crimen: Era muy poco como respuesta, y como tema. Sin embargo, como me sentí "cómodo", no vi necesidad de cambiar. Sabía que era el paraíso, y que cualquiera te conocería, como si fueses un reconocido personaje.

Más allá de lo que pensé, no fue así. Realmente, lo que ocurría era diferente. Eran las miradas frías de muchas personas. Otras en cambio, como si fueras una copa de elíxir andante. Algunas con desconocimiento, pero muchas con repudio... Fue así como ya dentro de dicho mundo, estás en el centro de un vórtice muy peligroso.

Por aparte, estaba el corazón. Y así mismo, mis sentimientos y mi lucha, por ser siempre un hombre fiel, bueno, y que impactara. Más que por sus pensamientos, por su forma de ser. Fue como pasé de un solitario completo a solitario reconocido. Pero nadie nota la diferencia a simple vista. Y ser "reconocido", para muchos, es símbolo de lujuria y deseo ajeno.

Con la sonrisa de mucha gente, empecé mi travesía entre todo lo que pensé, sería perfecto: Primero conversaciones, después llamadas, después encuentros de charla (y como máximo abrazos). Cada cosa, siguiente a la otra, con un vacío mucho mayor.

No basta a veces con la conversación.


Primero, fueron conversaciones a distancia. Eso, de que sabes sus nombres, y tal vez su entorno... Pero jamás sabrás quién es específicamente. En ningún momento podrás reconocer a esa otra persona, en la calle si llegaras a cruzarte. ¿O tal vez si? Bueno, la facilidad de la actualidad digital, y su magia para envenenarnos con la vanidad fotográfica, es inmensa.


Pero, así mismo, le bastó poco a lo que me hacía sentir por dentro. De esta forma, se fue conformando con palabras simples, aunque un tanto dulces. Con ánimos y con dichos al aire. O coqueteos efímeros obtenidos de Neruda.

No faltó tiempo para llevarme algunas sorpresas. Así mismo, unas cuantas decepciones y ciertos odios, que con el tiempo curan. Y, lo que nadie logró ver, es que aquel tipo que se ilusionaba, permanecía constantemente en llanto. Así mismo, forjó su soledad. Y también, fue cambiando poco a poco. Más aún, porque su primera ilusión, fue arrebatada por una amistad tan falsa como la felicidad que creía tener.

Desde ese momento, dejé de confiar un poco, o tal vez mucho en aquellos compañeros de convivencia. Y no fue algo simple, pues mi "hermano" (como lo suelo llamar), tuvo repudio frente a muchas acciones mías, que como tal iba manteniendo.

Hasta este punto, me había costado tiempo, muchos problemas y darme cuenta de la falsedad de una amistad muy cercana. Así, me fui enterrando cada vez la única estaca que yo mismo construí.

Así, fue como llegué a encontrarme, con muy pocas personas.


Pero... No era facil pasar de lo lejano, a lo cercano. Mi primer encuentro con alguna persona se realizó. Para ese tiempo, llevaba algunas personas conocidas, suficiente como para reconocerme, en ese pequeño tramo de la vida.


Realmente aquella persona, me invitó a charlar, y jugar un poco con una niña que conocimos ese mismo día. ¿Besos? ¿Caricias? ¿Coqueteo? No, no hubo. Pues, siempre he dejado en claro que debo respetar a la mujer, mucho más aún teniendo su presencia al frente.

Esa primera ocasión me brindó alas para saber que iba progresando, en cambiar dicha soledad que aquejaba a cada rato, con cada falange y mi pensamiento rondando por cualquier medio.

Así mismo, fue pasando el tiempo. Muchas personas me dejaban inclusive, "...bajo la lluvia dos horas. Mil horas, como un perro". Y aunque, nadie llegaba a saber algo, en mi caso me sentí imbécil, sin valor. Tal vez pensaba que, esa soledad realmente, no era cualquiera. Era una muy fiel, que me coqueteaba a cada rato, y espantaba cualquier persona con quien nos interpusiera.

Pero no todo fue malo. Tuve aquellos "tiempesilos" en donde, el amor (...o eso pensé) me daba momentos cortos de alegría. Curiosamente, era un "amor" sin besos, sin verse, sin palabras totales de apoyo, o algo por el estilo... Era amor sin amor. Realmente, jamás había salido de la primera época, donde me bastaba aún con palabras. Y aunque la alegría fue corta, el dolor fue en vano. Por no decir, que muy frustrante. Y solo una persona, fue testigo de aquella masacre a cada célula que dedicaba para entregarme a lo verdadero.

Y cada persona que pensaba que llenaría mi vida, iba destruyendo más, lo que llevaba dentro. Exceptuando solo dos : Una a quien fallé, y otra a quien siempre quise. Del resto, era solo un juguete, que básicamente podía ser manipulado. Abandonado por otras personas, e inclusive... cosas.

Mientras yo sufría por gente que realmente me había dejado cenizas, habían otras "animalizándome", sin saber de condiciones, de hechos... De bases y elementos que poco a poco, me fueron destruyendo.

Todo eso, hasta llegar a un punto en el que tenía tantas personas y/o amistades conocidas, que de por sí, los pocos "amores" que tuve, en muchas ocasiones afectaban poco por medo de recuerdos. Pero aún así, la cantidad de gente que pudiese reconocer no me retiraba mi desánimo con todo, conmigo, con los demás, con lo que pensaba, con lo que sentí... Con la misma vida.

Así mismo, no niego que cometí errores. Más, lo que no acepto es que haya hecho algo, que fuera infiel, o tan siquiera, "picaflor". Y tuve que aprender, que los ánimos y el buen trato no son para cualquiera, y que no vale la pena, ser una buena persona.

Con lo que ya había ocurrido, solo me quedaba una opción: Desistir (por ahora). Y fue una opción que tomé de la mejor manera. Y, que inclusive, tuvo pruebas y formas de haber sido aplicado sin afectarme mucho. Pues, las heridas marcadas aún podían sangrar, por más que cicatrizaran.

Mucha gente me preguntaba mi condición como solitario, siendo que me llamaban "buena persona". Realmente siempre concluía que no tenía muy buena suerte, o que tal vez no tuviera suficiente valor para alguien como para llegar al trono de los que son amados. A lo que, comúnmente respondían con palabras de aliento, un poco de halago pequeño y un horizonte de vida. Pero, cada vez me iba dando cuenta que era retahíla sacada del armario del lado.

Seguí sufriendo con el tiempo. Y lo único, era la gente que, intermitentemente ya, aparecía para brindarme otro "empujonsito". Mi mejor amigo para esos días, ya estaba en otra parte. Y no podía hacer mucho al respecto.

Aparecía y desaparecía cada tiempo, y sentí que mi presencia no era necesaria. ¿Quién realmente intentó preguntar por mi? Así, con una pregunta y un poco de tiempo, logré concluir que si yo hubiese llegado a morir, la primera persona se enteraría al día siguiente de mi entierro. Y que muchos, me tomarían como si simplemente, hubiese dejado de hablarles.

Justamente de nuevo con soledad y algunos cambios en mi realidad, tuve que afrontar mi camino con más y más desdichas. Personas que, en su interior no llevaban más que lujuria, o solo gustos que no iban más allá de una simple sonrisa, o una figura masculina esbelta.

Por otro lado, fui olvidado en el mundo, que yo mismo quise crear. ¿Por qué? Bueno, a veces no vale la pena ser conocido. Mucho menos, permanecer como un personaje de apoyo para muchas personas del otro sexo.

Me había ya aburrido de sentir, y aún permanecía recordando el pasado con gran dolor. Pero, levanté el rostro, y continué con un ánimo mayor al comienzo. Hacer como algo "normal" el hecho de que te fallaran, sobre todo con otra persona. Y mantuve una buena parte de la gente, o de las mujeres, que aún conocía, como personas que me apoyaban en todo momento. Inclusive, decidí seguir hablando con muchas de las personas que me habían hecho daño.

Algún día, aquella chica a quien fallé, le interesó hablar conmigo de nuevo. De hecho, pensé que serían conversaciones corrientes, y que no iba a ser más que otra historia acabada tristemente. Por lo que, no llevé tanta ilusión, y ese ahínco que al hablar, uno siempre brinda con la persona que roba la sonrisa propia.

Con el tiempo, aquella muchacha se convirtió en mi primer amor. Y en la primera persona que, me dio la valentía de sentir, mucho más allá de las palabras. Sin embargo, no niego que, aunque firme sigo manteniendo mi lástima propia. Pero, al día de hoy se convirtió en costumbre, lo que obviamente, me hace consciente de mi decisión.

Más aún, siendo una persona con quien verdaderamente, es una historia que no iba detrás de una comunicación lejana, o un encuentro cada mes, valía la pena decidir. Es así, como tomé mis riendas, y salí del mundo que conocí. ¿Por qué? Realmente, sabía que tendría muchos problemas. Además, aquella persona me dio aquella prohibición, sin condiciones.

Sé que muchos repudiarán como yo esa decisión, pero es así como comprendí, de mala forma, la verdad de las cosas. Lo que me tiene hoy anclado a algo totalmente diferente, y a pensar de una forma paralela. A saber que los caballeros no existen, y que el hombre perfecto, no es el bondadoso. Y menos aún, lo que una mujer podría buscar.

¿Hasta dónde ha llegado el estigma múltiple de la sociedad? Es increíble la complejidad que posee la bondad para poder actuar dentro de un mundo tan hostil e infame. Nadie se salva, y casi todos nos adaptamos a él. Pero... No es lógico.

Al día de hoy, ese mundo que quise una vez conocer, así mismo dejé atrás. Tal vez, por amor. ¿Y vale la pena? Tal vez. Pues, si llega a finalizar mi realidad, será parcialmente en vano. En otro caso, eso daría frutos.

Ahora solo soy un olvidado. Una persona que, existió y pudo estar en palabras de pasillo y pensamientos negativos ajenos. Así fue como logré, tomar riendas de mi vida, y salir de la telaraña, que casi me vence.

Me enorgullezco en que, siempre fui fiel con quienes quisieron subvalorarme. De ser respetuoso y bondadoso, con quienes lo valoraron. Y ser lo que soy, con la mujer que actualmente, entre lágrimas me ha hecho flotar mi sonrisa.

Y... ¿Quién fue el villano? El villano de esta historia, fue la imaginación. No hubo "Alguien". Básicamente, soy villano por quienes verlo así, y por quienes realmente, cegan sus ojos y los mantienen fijos en un punto donde no hay qué hacer. Vale la pena anotar, que la mujer de hoy no busca un hombre que sepa hablar bien, o que realmente sea un buen tipo. Hoy en día, ya no se busca quien verdaderamente puede tener el rostro fijado en aquella persona que siempre se lleva el suspiro más intrínseco. Sin embargo, este tema será de otro libro.

Por ahora, sigo siendo el mismo Caballero Solitario de siempre. Con mis dolores, y penas que olvidé, afortunadamente. Sin embargo, esos vacíos que tengo por dentro, esa maraña de tela que aún no he logrado recoger, sigue ahí. Las aproximadamente diecisiete personas que me han hecho dar cuenta, de que un regalo o una persona de aspecto más simpático es mucho mas valioso que el hombre que se entrega de verdad con ternura; me han dejado marcas diferentes. Ahora, es poca gente la que conozco, o tal vez, solo habla conmigo. La demás, se ha ido. Por olvido, por obviar... Por no comprender, que mi objetivo fue siempre, ser un buen hombre. Y, puede que me esté conviertiendo en un monstruo. No solo por el pasado, sino también influído por el presente. Pues, aquella "animalización", aún me la recuerdan algunas de las pocas personas que siguen conmigo. 

En mí, solo queda sufrir parcialmente en silencio. No hay muchos motivos sólidos que me empujen a valorar ese pasado que pasó mis ojos, pues llegué al mismo punto que al comienzo, con pinceladas más pequeñas que los agujeros que "amores" que permutaron mi querer. Con el rojo de una pasión, que en poco al día de hoy, me está destrozando. Con el azul de tranquilidad, que actualmente, parece irse como si estuviese casi extinto. Aunque hoy en día demuestro felicidad al mundo, mi realidad es otra. Y así ha sido siempre.

No hay un final feliz para este cuento, pero tal vez lo haya en algún momento. Por ahora, me queda seguir dando amor a cambio de libertad, de felicidad y de seguridad propia. Pues, aunque el amor se vista de rosa, siempre tendrá espinas. Y estas mismas, me siguen llevando lentamente a la perdición de mi esencia, y a refirmar mi soledad.

¿Quién fue el villano? Puede que sea la sociedad, por haber cambiado esos estigmas, y culparme por lo que he hecho. Puede ser mi pasado, lleno de aberturas llenas de dudas que me conllevan a pensamientos erróneos. Pueden ser mis pensamientos, por tomar las cosas como no se deben, y darme una vista diferente a la realidad. O puedo ser yo, por simplemente crear mi mundo, y transformarlo en un paraíso en construcción que no plantea jamás terminar. Sea quien sea, me tomo yo, siendo villano. Porque así crecí, y porque así mismo, soy el mismo villano, que dentro de su propia maldad, sigue aún preguntándose el motivo de todos aquellos tropiezos, que hoy en día, aún ocurren. Porque por más amoroso, sencillo o fiel que sea, ha recibido de cada persona que llega a su vida, preguntas incesantes, y peores hechos que no dejan de continuar. La verdad, hoy puede que no valga la pena ser bueno. O ser lo que puedas ser. Porque sea como sea, no verán tu seriedad: Esa, que yo llamo La Seriedad del Villano.