miércoles, 4 de septiembre de 2013

Música, tragos y soledad.

Esperé un tiempo más, casi un poco más de un año. Todo ello, para volver a la Escena. Para volver a ese Hogar llamado Escenario, del cual siempre he tenido poco tiempo para hospedarme. Pero que, cuando lo hago, mi mundo es diferente.
Me levanté como cualquier día, a las nueve y media de la mañana. No era un día común, me habían confirmado problemas el día anterior. Además, el estrés que era confirmado de mi parte había llegado a un límite, por lo que debía preocuparme. Más aún, cuando comprometía que primero estaría arriba, y que debería esperar para ver la Luna. Por lo que tuve que luchar, por salir al Escenario, al menos junto a la Luna, cada uno en su espacio propio.

Y bien, fue una conversación que había sostenido el día anterior. Ahora, seguía ir por herramientas: Unas baquetas, puesto que el día anterior una de ellas jubiló su trabajo rápido. Además, necesitaba con qué tener un apoyo estético para mi apariencia. Por lo que, después de levantarme, hice algo que denomino "labor social", y posteriormente, a las once, me fui rápidamente.

Fue algo espantoso, porque recibí una llamada, en la cual te confirmaban que tu peor temor del día era cierto: Que no te iban a brindar apoyo en algunas partes de mi Instrumento: La Bateria. Es trágico, que faltando unas horas, haga falta un HiHat. Es como que le faltara el lomo a una mesa.

Así, prácticamente en medio de llamadas, me transportaba hacia el paraíso a donde voy para conseguir mis compañeras musicales. Y ya que, la persona quien se había comprometido conmigo no tuvo palabra en lo dicho, decidí preguntar también allí la posibilidad. Sin embargo, me pedían cantidades exhorbitantes: Tal vez ilógicas, de dinero.

Al partir de mi primer destino, una Tienda Musical, tuve que recorrer un poco más, por al menos hacer que no tuviera los ojos blancos. Unas gafas, como un requerimiento que se convertiría en mi identidad. Y llegué rápidamente, aunque con falta de tiempo, y corrí por aquella edificación buscando eso tan necesario.

Y por último, volver a mi vivienda. A encontrarme conmigo mismo antes de estar en ese sillón. Así que, me bañé por segunda vez en el día, con nerviosismo, como siempre. Con estrés por los problemas. Con dolor en el corazón por el pasado. Con ilusiones pendientes que la vida cree darme. Y esas ganas, de disfrutar el día. Y me coloqué una camiseta pegada al cuerpo. A mi carne, para no sufrir de problemas posteriores. Y creía que tal vez eso permitiría sentirme mejor.

Por lo que, partí en rumbo al lugar, a una reunión. Encontraba varios músicos. Todos listos, todos bien y contentos. Aunque sabía que tendría tristezas por encima de muchas cosas. Y así, surgieron problemas, que me dejaban peor de lo que creía estar. Y para ese momento, recibí una llamada. Estaba su nombre. Y yo, en unos pocos segundos, me alisté dentro de mí, para que me tratara como un simple personaje cualquiera, como alguien más que bien podría sobrar... Me deseó suerte, me dejó sus energías. Y, aunque yo sigo sufriendo de forma maldita en silencio por su corazón, me sentí bien. Tal vez, sonreí, aunque hubiese sido por unos segundos. Y al colgar, por un accidente ajeno a ambos (o eso creo aún), volví a la realidad. A saber que me faltaba aunque sea uno de sus abrazos.

Al momento, también me llegó un mensaje, con un texto que me haría recordar con dolor un momento, que aún no sé si debí vivir. Porque fue de Alegría Efímera, pero que me produjo en un tiempo espinas en mi corazón y tristezas unidas a miedos que aún, hoy en día, sigo teniendo de forma irracional.

"Suerte"... Tal vez no quería eso. Solo quería unas manos que me ayudaran a estar hablando ese día. A estar con alguien que compartiera mi euforia. Mantenerme cuerdo, y abrazar tanto a su presencia, como al momento. Pero... Sus decisiones, su corazón... Nos hizo dar cuenta que yo solo era un forastero de la época. De alguien que pasaría de forma rápida. Que en últimas, daría mucho, por algo que aún no se sabe si dará frutos, y si ya los hizo nacer.

Sin embargo, debía seguir en mi búsqueda, de esa "base" para mi instrumento. Y la conseguí de otro músico. Del cual me hizo un cobro justo... Y uno de los que permitió un buen hecho al final de la noche.

Para ese momento, me había tomado una cerveza. Sabía que no debía beber más antes de tener el hecho importante. Y así fue: Tan solo hablé con las dos únicas personas que fueron por mi, mientras veía todos los acompañantes de los demás... Y me sentí algo vacío. Fue como tener a alguien, que te apoyaría por una obligación implícita de amistad.

Por ello fue que, cuando fui al camerino, intenté no llorar. Tan solo bajé la cabeza, y el vocalista atendió a ello con un "Caballero, ¿Qué pasó?¿Por qué está así?". Simplemente no respondí, solo sonreí, y seguí pendiente de lo que debía hacer.

Y a la hora de subir... Pedí mi segundo "refresco"...

¿Saben? Es interesante estar con esa adrenalina interesante que te deja los primeros sabores del licor. Mi primera botella me había iniciado a ese mundo. Y subí a ese sillón con una segunda botella. Y rápidamente, empecé a sentar todo lo que sería mi equipo para tocar, y me dieron el micrófono que me permitiría comunicarme con el publico, y cantar cuando tuviese que ser necesario. Mi corazón latía rápidamente, puesto que en una situación de ellas, siempre estás a la expectativa de mucha gente.

Tomé unos sorbos, antes de que un organizador nos presentara al público. Y senté la botella sobre una mesa cercana, mientras empecé a sentir una preocupación, de perderme, y hacer perder el ritmo, algo tal vez común. Pero confié en mi lo suficiente como para continuar, así que al empezar mi primera canción, "Lobo Hombre en París", fue mágico ver, que tanta gente hiciera ruido por tu banda (O tal vez, por nuestro simpático vocalista). Y ver cada uno viéndote a ti tocar.

Aunque por dentro, mi tristeza fue creciendo con cada corchea que tocaba en mi "base". Era abrumador, porque tan solo dos amigos y mi padre (el cual simplemente grababa cada momento) fueron los únicos que asistieron por mi. Mientras la mitad del bar era atestada por gente conocida de cada uno de los muchachos con los que toqué... A veces como músico, te das cuenta que puedes perder fácil la razón al tocar, al pensar, al tener que ver que por ti prácticamente, nadie fue.

Y en la mitad de la canción, empecé a sentir una euforia muy grande. Mi actitud era viva, era fugaz respecto a muchas cosas. Aún por encima, de que faltaba alguien que solo me viera especialmente a mi, a mi y a nadie más. Pero finalicé. Satisfactoriamente, aunque los errores por pensar en muchas cosas, se hicieron notar.

Y así mismo, las canciones fueron avanzando. El trago empezaba a hacer efecto, y mis manos sudaban muchísimo... Apenas lo suficiente para hacer volar mis baquetas más de una vez, o a veces simplemente perderme por el dolor que sentía, ese vacío irremediable del momento.

Sin embargo, también reí en ese sillón, puesto que jamás imaginas que un platillo se vaya a caer en una presentación tuya. O que el stand para el micrófono se te fuera encima (Aunque me hacía equivocarme al tocar, puesto que limitaba mi brazo izquierdo). Son cosas que pasan, y a veces no son agradables, ya que antes que a la banda, a ti alguien te juzgará tu interpretación. Y hubo momentos en los que pretendía tomar en medio de las canciones... Tal vez un error, cuando llevar mucha euforia encima empieza a recargarte de velocidad de la que ni siquiera estás consciente en ese instante.

Animé mucho al público, y pedía que nos apoyaran. Y bien fue la primera vez que hacía eso, todo a través de mi micrófono. Al igual, canté con ánimo, con ahínco, con sentimiento que bien podía llegar a tener. Mi ira, y todo lo que debía tener para estar bien.

Gritos, y mis típicos rápidos momentos de golpes de los finales que siempre hago estruendosos, fueron las platos principales de esa "casita" en la que me hospedé por un momento. Y agradecí ese apoyo tan gratificante que me dieron. Ver a tus únicos dos amigos, y la cámara con el bombillo rojo hacia ti.

Y cuando acabó esos minutos de fama, llegaba la hora de bajarme rápidamente, y de ser felicitado por alguna gente, de toda esa energía brindada. Y me sentí contento, agradecido por todo. Pero, como en todo lo bueno, siempre hay algo malo: Un tipo se me acercó con un comentario demasiado imprudente. Y ahí fue cuando la ira "buena", se convirtió el mal humor que tuve que callar por puro respeto. Y así mismo, simplemente hice lo mismo que con todos los dolores que me ha dado la vida: Ignorar el momento, y reír un rato, por cortesía.

Y después de eso, me quedaba llegar, pagarle a quien me había colaborado con mi "base", en el "camerino" (Un sótano algo extraño). Y un inconveniente casi me hace perder la confianza, pero afortunadamente mi seriedad, solucionó el problema. En fin... Fue interesante lo que sucedió. Aunque no podía estar tan bien, puesto que ese comentario tan absurdo, me había dejado algo frustrado, como también de mal humor.

Posteriormente, subí las escaleras, y le di a mi padre todo lo que debía tener. Mi padre creyó que me iría para mi casa, pero sabía que no era el momento. Además, era una noche donde mis únicos dos acompañantes podrían hablar conmigo, y tal vez charlar en medio de un licor de buen sabor.

Así que, para ese momento, la Noche empezaba a mostrarse, puesto que eran algo más de "...las siete". Y me quedé hablando con ellos. Hablamos de desamores, de e experiencias, de mi entorno académico y de mi interpretación. La chica que estaba con nosotros, empezó a llorar. Por lo que mi amigo y yo la consolamos. Más aún, que precisamente la vi, con un despecho del cual recordaba a otra persona que había realizado lo mismo: Enviarle un mensaje a la persona que le había fallado. Y al ver que era mi oportunidad, de que además el alicoramiento era algo avanzado, envié mi mensaje. Tan solo, quise callar el hecho de decirle que la quiero. De decirle que aún sigue estando en mi vida. Y que no es fácil, superar a una persona que marca tu vida y hace algo que muchos han logrado conmigo, el Caballero Solitario: Hacerme feliz. Tuve que callar, y hablar en un tono cotidiano, y algo serio. Y empecé a llorar, y afortunadamente nadie vio el hecho.

Así que finalizamos de hablar, y al ver que todos ya reíamos sin razón alguna, comprendimos que el trago había hecho ya efectos directos. Varias botellas sobre la mesa ya lo había circundado, y no era algo para extrañarse. Ellos debieron irse a las nueve de la noche. Y se despidieron contentos, felicitándome. Y quedé solo en la mesa por un tiempo, mientras veía con dolor a una pareja viendo a la gente pasar, besándose y siendo tal vez feliz, mientras se encontraban abrazados. Por lo que volvió el agua a mis ojos, y susurré "No es justo".

Para ese momento, el guitarrista y el vocalista ya habían partido por razones que eran casi obligatorias. Por lo que el bajista me vio, me dijo "¿Qué le pasa, por qué está así?", y solo quise negar la posibilidad de estar mal, y decir que tan solo me sentía bien. Y fui para la mesa, donde estaban todos sus acompañantes: Casi ocho personas, hablando con él y apoyándolo. Mientras tanto, me intentaba unir al grupo como un parásito ajeno a ellos.

Nadie lo notó, pero exceptuando las dos veces que fui al baño, estuve cabeza abajo, sin ganas de nada, sintiéndome solo mientras quedaba callado, y tan solo respondía lo que me preguntaban. Y tal vez, el único hecho relevante, fue que unos tipos de la mesa contigua repetían: "¡Guaro! ¡Guaro! ¡Guaro! ¡Guaro! ¡Guaro! " repetidamente, de forma anímica, mientras tomaban licor. Era Aguardiente. Y posteriormente, fueron a nuestra mesa, a brindar con nosotros. Fui el primero en tomar una copa, apenas para saborizar el paladar. Aunque sentía sedado el rostro, ya era indicio de que estaba en otro estado a esa hora. Y apenas acabó mi grupo, preguntaron por el baterista. Así que, siendo mi condición, y aprovechando mi despecho, tomé una copa, que casi llenaron al tope. Posteriormente, recuerdo que volvieron a ofrecerme una vez más, a la cual también acepté.

El tiempo pasó algo rápido, y hubo momentos de locura cantando canciones conocidas de Rock que divierten. Por ejemplo: "Puto" del grupo Molotov.

Y al finalizar lo noche, llegaba el momento decisivo.

Siendo una hora después de finalizar la medianoche, empezaron a presentar la premiación. De lo cual, quedamos como la Segunda Mejor Banda de la noche. Sí, nadie se lo imaginaba. Y como estaba tomando una botella más en ese momento, fui a la tarima estando así, junto con otra banda que estaba en empate. Por lo que, dividimos el premio como era justo, me abracé de forma pacífica con el representante de la otra banda, y celebramos. Yo con una botella en la mano, presenciando fotos, totalmente locos y contentos.

Y cuando bajé, con el bajista celebramos, todos felices ese hecho. Y no niego que fue un gran momento, puesto que era algo jamás tuve la oportunidad de vivir (O tal vez si, pero no en un bar). Pero... Para ese momento se había ido mi padre, mis amigos... La chica que quise que estuviera ahí, no fue. No tenía amigos, y solo me pude contentar con la gente que estaba ahí. Por dentro sentí ese vacío de no poder abrazar a nadie, y de ver que no tenías manera de compartir tu "casi-victoria" con esa persona. Con quien quieres, con quien de verdad, pueda sentir la alegría que tú sientes. Y... ¿Saben? Es inexplicable, y muy horrendo tal sentimiento, porque sabes que no descargas tu alegría en ese instante.

Sin embargo, solamente me pude limitar a seguir viviendo, y fui de nuevo por otra botella. Mi celebración, solitaria. Porque en cuestión de segundos, después de otros momentos jocosos, todos ellos se habían ido, en su mayoría sin despedirse. Me felicitaron algunas personas, y me tomé esa botella totalmente desolado, y salí del bar con ella, contento pero a la vez triste, eufórico pero a la vez tranquilo, cuerdo pero a la vez loco, acompañado... Tal vez no, Solo.

Por último, tomé el transporte con destino a mi casa. De nuevo a la realidad, y recuerdo en el trayecto, teniendo contacto de nuevo con mis lágrimas, sintiéndome irracionalmente deprimido, a pesar del hecho. Y al llegar a mi casa, simplemente mi madre abrió la puerta, me ofreció algo de comer, y mi cama sintió el peso de toda la noche. De lo que de una u otra forma, no olvidaré, y pudo haber sido el mejor momento que haya vivido... Si tan solo ese ingrediente especial hubiera sido presente.

Fue una noche larga, fue un día interminable. Y pasé por todos mis estados de ánimo... Me faltaron muchas cosas, que bien fueron muy importantes. Aún así no puedo olvidar la imagen de la sonrisa y la mirada de mi compañero, incrédulo de ese hecho. De todo lo ocurrido y vivido.

En últimas, fue una noche de Música sin fin, de tragos que parpadearon hasta la más última gota de cada sentimiento y recuerdo... Y de la soledad, que como Caballero, he tenido que vivir, no solo ese día, sino mucho tiempo, tal vez varios días, tal vez meses, o Incluso, Años.