jueves, 20 de noviembre de 2014

La luz, el foco, el lente, y yo.

Una historia, que si la entiendes, supongo que sabrás lo que comprende ser luz, o ser oscuridad.
La luz. ¡Cómo anhelarla! Como desearla. Pues, cada centímetro de cada paso me doy cuenta que es aquel punto bien definido en el camino.

Luz... Ella. ¡Quién sabe dónde habrá estado! No sé si hubo falta, o si hubo exceso. Puede que mi olvido tan confuso y complejo me esté llevando a tener que dejar poco presente lo que sucede.

Sin embargo, pensar en la Luz, es inmensamente diferente. Pues estar detrás del vidrio, no me hizo dejar de necesitarle. Fue como el deseo impetuoso de dejar por fuera todo lo malo, a pesar de que iluminara en mi mente. Nunca supe hasta qué punto fue malo o bueno, pero me alejé por un buen rato, como si eso llegase a ser mi solución.

Y después de estar en la acera, subiendo y bajando escaleras, solo me topé con el encuentro de yo, conmigo mismo. Sí, suena raro. No lo niego. Pero, es aquel momento, específicamente, donde uno mismo se encuentra con su propia imagen, con ese "producto" dado por todo lo que ha ocurrido.

Así mismo, me estoy dando cuenta de cuánto me hace falta la Luz. Aquella que deseé por tanto tiempo, y de la que realmente, ni siquiera su nombre volví a escuchar.

Por otro lado, la imagen me hizo ver que en la mano, llevo un foco. Ese foco, era sustancialmente particular, porque era intermitente. Diría mi madre, que simplemente está fundido. Pero, no lo está, pues siempre vuelve a funcionar: Como si hubiese un interruptor, como si aquel foco tuviera la decisión propia de encenderse y apagarse.

Tal vez esa vista me hizo un poco empedernido al deseo de encontrar la causa de todo esto. Pues no era solo eso lo que me impresionaba, pues aparecía con algunas arrugas, y una zona específica, con ciertas quemaduras, como si estuviese hecho cenizas dicha parte. Era la parte del pecho, justo en el centro, como si en vez de corazón, tuviera un pequeño trozo de metal ardiente y fundido.

Más allá, encontré que se hallaba un lente detrás mío. No sé exactamente si era de esa forma, de esa naturaleza. Sin embargo, podía entender que era una pequeña iluminación, que según el reflejo, podía dar en mí en ocasiones, o simplemente separarse hacia otro punto. Fue desconcertante, porque además hace ya un tiempo atrás había apagado el fondo, era todo oscuro, y solo tenía el foco, y ese pequeño lentesito.

Por lo que después de todo, preferí empezar a caminar ( o a continuar haciéndolo). "Todo indica que el alrededor está oscuro", Por lo que, estaba sobreviviendo solo con aquel foco, que aunque poco podía iluminar, podía hacerme entender el panorama.

Entre todo, encontré algunas bestias. Más que todo, lobos, lagartijas y unos cuentos insectos. Lo triste, es que sentía cómo lo que conocía fue cada vez menor. Pues, entre la oscuridad sabía que era un lugar donde cada cosita dentro de ella la conocía. Pero, con el avanzar de los pasos, me topé con una selva más espesa, más llena de alimañas aún mas desconocidas.

No sé... Es fascinante la aventura, dije. Pero, sentía miedo. No es lo que parece. Pues, caminar entre una selva oscura con solo un foco que te alumbra casi cuando lo desea, es algo difícil.

El lentesito se había perdido. La Luz aún más. Sin embargo, quise vivir ahí con ese foco, para que me alumbrara y en lo posible, calentase lo poco que pudiese. Y aunque no niego que muchas veces sentí el frío, entre sus intermitencias lograba dar más de lo normal para alumbrar. Pero cuando necesitaba calor, cuando tenía miedo, o cuando simplemente era la misma neblina la que nublaba, era el justo instante para sentirme solo.

Sin embargo, con el pasar del tiempo, seguí caminando. Pero, al ver que dicho foco cada vez se apagaba más (o inclusive quemaba mis manos cada vez que pensaba en la Luz o el lentesito que se desapareció), Fue así como me di cuenta, que realmente mi camino ha estado cegado desde el comienzo. Porque, caminar con una luz intermitente es complicado. Y tal vez, solo tal vez, hoy en día ese foco no logre dar lo que era antes.

Así, pasé de bosques y mesetas a desiertos. Y nadie sabe lo que sentí, entre el invierno inhóspito de un lugar poco conocido, con un calor que se iba demasiado, y la oscuridad a flor de piel. No era fácil aquella "aventura" que en un momento planteé.

Así, es como después de continuar trayectos cortos, largo y hasta encerrados, apunté en el piso mis recuerdos (que con el tiempo se borran de la cabeza por diversión de lo que haya dentro de mí). Y, sin preámbulo en intermedio, caminé. Más y más. Una y otra vez, lo hice hasta llegar al punto de volver a ver algo conocido.

Todo oscuro, todo frío se tornó el ambiente. Sin embargo, al poder reconocer algunas cosas ( ahora por algo de luminosidad), entre las que estaba aquel lentesito, supe que a veces esos trayectos pueden ser complicados.

No lo sé... Con lo que me he mantenido, en este pequeño cuarto en medio de un campo abierto, al espera de lo que haya, me doy cuenta que la Luz, que encontré de nuevo y anda conmigo, está ahí dándome apoyo para levantar la cabeza. No niego que a veces es más tenue su intensidad, pero jamás deja de ser tan fuerte, aunque menos de lo que fue antes de irme.

Y después de mucho pensarlo, me di cuenta que el foco lo llevo desde el mismo tiempo que decidí llevar en la mano algo más. Que aquella quemadura fue entendible, pues cuando volví a verme encontré algunas cenizas, y un color vinotinto, que era despreciable frente a la oscuridad de su borde. El lentesito, brilla pocas veces, y en ocasiones me brinda un poco me compañía.

Pero entre todo, me pregunto qué fue. Pues, ahora la Luz alumbra más. Y aquel bombillito, está en mi mano. Aún así, lo quiero soltar, pero no quebrantarlo. El lentesito sigue siendo el mismo, y ahora pareciese como si fuese esa Luz la que me hace encontrar un buen momento y una gran visión.

No sé... Hasta el día de hoy me sigo preguntando lo mismo. Pues, llevo un foco, un lente y una luz. Pero... ¿Quién está alumbrando más? No lo sé. O puede que si, y esté empezando a aceptar la respuesta después de notar la imagen del espejo. Porque, en últimas está la luz, está el foco, el lento y yo. Y de esta historia, el blanco es la única verdad.