miércoles, 17 de diciembre de 2014

Un canto a la literatura.

Lo mismo de siempre: Las llegadas tarde, mi soledad, mi corazón, mi mente retorcida, mi locura, mis contratiempos... ¿Qué podría cambiar? Una enseñanza valiosa.
Al ver que iba un poco tarde de mi residencia, decidí apurar el paso. El problema es que el trajín no ayuda mucho. Menos aún sabiendo, que uno de mis mayores defectos es dejar todo para después de última hora (Por ello, me atrevo a decir que no soy capaz de ser valioso para una mujer, entre otras causas).

Debía llegar a las 2:00 pm, hora para la cual yo, siendo un docente domiciliario, tenía que estar dictando temas de matemática. Sin embargo, una hora antes estaba terminando de alistar mis cosas, para salir directamente rápido, proporcional a la demora que calculara yo, que iba a tener.

Era una muchacha de escuela. Supuse, en mí mismo que sería corto y fácil, a diferencia de las tres horas que decía la madre de ella, teníamos que demorar. Me dije que no cabría tanto tiempo, y tenía la esperanza de que mi paciencia no se acabara para la media hora, que tenía en mente, demorarme.

Sin embargo, lo que sale mal, termina siendo de esta forma. ¿Quién dice? Quién sabe. Lo único que sé, es que soy el único caballero, a quien verdaderamente siempre le ocurre algo diferente a la hora de tener que llegar puntual. A veces lo logro con suerte, otras veces he merecido algunos regaños.

Siendo así, me dispuse a esperar el bus, el cual demoró más o menos, media hora (Hacer de cuenta, que debía llegar en 20 minutos a cien calles de distancia). Yo murmuraba mis típicas palabras soeces que me identifican. No sabía qué hacer. Pero, al ver que el número de la ruta empezaba a aproximarse, hice la seña para que pudiera subirme, y de esta forma, empezar una travesía por toda la ciudad.

Es curioso. A veces, pienso que siendo hombre, la intriga de un docente como yo, es saber cómo es la futura persona a quien escucharás y de quien obviamente, tendrás que resolver dudas. No iba a ser la primera, pues aproximadamente cincuenta personas había escuchado antes, y ella simplemente sería una más de la lista.

Pero... Cuando se trata de mujeres (o más bien, una persona del sexo opuesto), siempre va a llegar la misma pregunta: ¿Cómo será? ¿Será bonita? ¿Y si, llega a haber una conexión entre los dos? ¿Qué tal no guste de mí? ¿ Qué tal sea seria? ¿Lo será? ¿Y si no lo es, qué haré?

Bueno, realmente son muchas más. Sin embargo, el trabajo de un docente es dictar su clase, dejar las dudas inexistentes y ser responsable en su trabajo. Hay que reptar las distancias, y saber que somos personas que solo debemos limitarnos a nuestro deber.

Pero bien, eso lo pensé en menos de unos minutos (aunque quedó sonando todo el trayecto, como siempre). Lo demás, fueron conexiones entre otras cosas, y el mismo tema, que acabo de referir. Y fue así, como duré un tiempo largo (exhorbitante), dentro de un bus con el cual mi paciencia se pondría prueba. Pues, no solo recibí cualquier cantidad de llamadas de la madre, sino que además, podría temer porque a fin de cuentas, no tuviera trabajo, y tuviese que regresar sin "nadita que comer".

Eran las 2:30, hora que suponía, ya era el fin de mi desgracia. El problema, es que no había acabado más allá de la mitad del trayecto. Sesenta calles faltaban, y no era un gran avance, siendo sensatos. Yo seguí pensando sobre aquella chica con quien tendría la clase. Muchas veces, el tema se hacía muy profundo y algo molesto, como cuando uno mismo prueba un sabor muy ácido.

Pensaba, con tono de esperanza, que esa chica sería bonita (Aunque hay que aclarar que, realmente no influiría en nada. Curiosamente, me gusta tener buen trato con la gente simpática. Realmente, las intenciones de algo más, son solo señuelos del corazón). Sin embargo, no pensé mucho en sus gustos, sino más que todo en su genio. Y es extraño, porque siempre me gusta armarme de mucho humor, pues me encantan las clases "charladas", realizar un poquito de vida social, y romper un ratico el hielo, para no hacer amargo el momento.

Pero... ¿Y si es una persona seria? ¿Y si realmente mi humor no conecta con el de ella? No sabía que sentir. O qué pedir. Pues, no basta con dar largas risas, si realmente no cumplo con mi cometido.

Eran las 3:25 pm. Una hora y media tarde, la verdad con mucha preocupación, y algo dentro de mí que llamaba al fracaso de la ocasión. No sabía ya qué era lo mejor para el momento. Y, bajándome del bus acalorado, pero afuera lloviendo, caminé apresurado, como si cada paso fuera a retrasar un minuto mi demora. Pero, faltaba una cerecita para el pastel: Su residencia era un apartamento, un "conjunto residencial", como le llamamos los de mi tierra (o por lo menos, yo). La mala indicación de la persona que aguardaba en la entrada, era tal que tuvieron que llamarme para que me recogieran.

Curiosamente, la chica me tuvo que ir a recoger. Me dijo "¿Eres El Caballero Solitario?*" Yo le dije que sí, que efectivamente era yo, mientras hacia un gesto amable (lo menos que podía hacer después de una hora y media de retraso).

Subimos, conversando del tema que debíamos resolver. Me di cuenta que la chica solo tuvo mala suerte. Necesitaba ya esta clase, como la decisiva para obtener el cartón, y eso es mucho decir. Además, era tan poco el contenido que ella se limitó a referenciarme en pocas palabras lo que necesitaba.

Al subir, dije "Por fin llegué". Y salió una señora, de unos sesenta y cinco años (Supuse que era la abuela, por una conversación que posteriormente había tenido ella con la señora). Detallé a la chica de un solo vistazo. O bueno, sus ojos. Tenía un piercing, algo que de por sí, siempre repudio yo en una mujer. Sin embargo, no veía ese problema en ella. Tenía un rostro bonito, y realmente su actitud era suficiente, como para que ni siquiera tuviera que bajar los ojos más allá de su cuello.

Llegamos directamente rápido a la mesa donde estudiaríamos. Y empezamos, con mucho afán (pues la madre decía que aquella chica debía estar en algo importante en una hora y media). Por mi parte, lo único que podía decir, siendo las 3:45 pm, es que recibiría solo un tercio de lo que pensé recibir. ¿Valdría la pena?

Pues, aquella clase, terminó exactamente una hora después. Entre risas, mucha charla y algo de conversación, la duración era más que exacta, y no había modo de cobrar un poquito más (pues era salir, e ir a comprar un regalo, para una mujer por la cual ni siquiera sabía yo por qué tomaba la decisión de hacer sacrificios).

Al acabar todo, seguimos hablando. De mi carrera, de sus futuros estudios. Del futuro próximo que cada uno esperaba, y la información sobre el semestre. Nuestras materias favoritas... Todo muy superficial, ambos somos muy reservados. Así que, quince minutos después de haber acabado, me puse mi chaqueta (por dentro mío, sabía que no quería irme. Habíamos reído tanto, y su risa era tan especial, que realmente era imposible poder salir de ahí).

Dentro mío, quería mantenerme ahí. Es una mujer conversadora, a la cual seguramente le gusta esos momentos de café interesantes que no muchos hombres estarían dispuestos a tener. Nunca había tenido tanta afinidad, y tan buenos momentos en una charla. Inclusive, en un punto en el que ella me pregunta por una medalla que ese día llevaba colgado (que me puse de afán antes de salir de mi casa). Era de una banda llamada Iron Maiden, y es una de mis reliquias desde hace ya varios años. Se la había comprado a un tipo que conocía, en los inicios de mi Vida Musical.

Con la cabeza por fuera y mis deseos de quedarme adentro, con la seguridad de que saldría de allí muy pronto, hice una pregunta con la que solo esperaría una respuesta antes de irme: "¿Qué música te gusta?". Ella me dijo con convicción que le gustaba el Rock. Y realmente, una mujer que no se incline por gustos musicales urbanos, o "de calle", es difícil verle. Con su pregunta inicial sobre mi reliquia, sabía que sus gustos eran obvios. Pero, quería dar esa gotita de agua, de la cual nace el mar.

Empezamos a hablar, sobre bandas, sobre géneros, sobre todas las bandas favoritas. Y me di cuenta que era igual a mí en el plano musical. Toca piano,y guitarra desde hacia mucho más tiempo que yo, Mi interés se hacía grande. Y brindábamos temas de conversación que a ambos nos gustan. Sentí en ese momento, la conexión que no se logra siempre, Con risitas tímidas, y una que otra mirada fija. Era increíble, Pues siendo yo el solitario que siempre ha amado las conversaciones interesantes, en las que se mantiene el fuego de un buen humor, estaba interesado en mantenerme.

Todo iba bien, pero dieron en mi punto más débil: La lectura. Realmente, siempre he sido más un hombre de escrituras, de escribir palabras, frases, poemas y versos a la vida. Realizar cantos a quienes pueden en algún momento existir, y a la vida misma, en su máximo esplendor. Mi interés por la lectura no ha sido lo mas fuerte que mantengo. Y aunque manejo un léxico que apenas puede diferenciarse de la muchedumbre, no siempre soy bueno en esto.

Le pregunté por una frase que había escrito. Ella me referenció a un escritor (Del cual nunca escuché, y temía por mi reputación). Así que le pregunté sobre su corriente literaria. Ella me dijo "Depende de cómo lo veas". Y en solo una frase, ví mis esquemas rotos, y todo lo que pudiese saber, en el punto de una eterna duda. Me quedé callado un segundo, y le dije que no recordaba quien era. Así que ella, con tono esperanzado por mantener una conversación entre dos amantes de la literatura, me dijo "A ver, una pista: Su obra más conocida es", y dijo el nombre de un libro, del cual no recuerdo ni siquiera su primera palabra.

Ya no sabía qué hacer. Sabía que ahí, en ese preciso instante se había acabado el interés de ella. Así mismo, se notó. Pues, al responder que solo había escuchado de su nombre, me dijo que debía investigar más de él. "Deberías averiguar quién es, y hablamos". En una frase, mis esperanzas habían sido cortadas con el filo más fino que puede haber: El de una palabra.

Sin embargo, siendo ya las seis de la noche, no quería irme. Quería quedarme un poco más, pues sabía que no duraría mucho en dejar de hablar con ella. Se iría a otro país pronto, y no tendría oportunidad de un espacio para verla. Así que utilicé mi humor para convencerle. Pero hubo un momento de silencio, en donde la palabra virtual se hizo presente, y la habitación no tenía sonido alguno. Pero, hubo un momento, en el que con mis típicas ideas locas, ella soltó una carcajada pequeña, pero dulce.

Es en ese punto, en el que un hombre, puede enamorarse. Con solo una carcajada. No sé si en otros pase, pero en mí sí. A veces, la risa es el mejor alimento para unir, para convivir y existir. Y no hay nada mejor que eso. Porque después de la risa, lo que viene es el idilio. La esperanza, y una manera alegre de continuar con todo.

Continuamos hablando, hasta el punto de que duramos una hora más. Se notaba ya, que ella quería verme ir. Y por lo que analizaba, ella presentía que yo debía sentirme perdido. Por lo que, ella dijo algo que jamás en algún momento pensé: "Te acompaño hasta el paradero". Por un momento creí que ella quería seguir hablando conmigo. Reír un poquito más...No sé. Todo se vio a favor mío, mientras hablábamos y pasó un pequeño bonito momento, mientras la agarraba de los hombros, haciéndola reír un poco. Pero, al llegar al paradero, con la esperanza posible de que, ella se quedara un ratito más, me agradeció, se despidió casi corriendo, y se devolvió.

Ahí en esa despedida, quise hacer algo más. Por lo que, le agradecí la conversación. Suena extraño, lo sé. Pero, sé cuándo estoy hablando con alguien de quien se puede aprender. Y ella fue una de esas personas. Una estudiante, de la cual aprendí mucho.

Después de media hora, tuve que irme en un bus de regreso que no me servía. Comí un  helado al bajarme, y después tomé otro bus con destino a mi casa. Realmente, me quedé con carita de niño feliz, al sentir esa aceptación de otra persona. Aunque claro está, para ella debo ser un tipo con falta de seriedad, por mi llegada a tal hora.

Estaba seguro de que no habrían más clases con ella. No habrían más conversaciones. Aunque, si las continué, enviándole un mensaje de aliento para el día en el que ella debía presentar una prueba para recibir su cartón, a lo que ella me respondió con un agradecimiento grande.

Y lo curioso en este caso, es que la historia aún no finaliza. Sin embargo, lo que puedo concluír por ahora, es que aquella mujer pronto se irá, pues es la vida a la que me he acostumbrado. Mi soledad, la que me ama y jamás me deja ir. Aquella celosa que me arrebata cualquier deseo más allá de mi existencia.

¿Pasará algo algún día? Tal vez por ahora no, pues debo estar consciente que estoy comprometido con una persona, que aunque retoma mi soledad para acomplejarla, merece de mi parte mi fidelidad.

Mientras tanto, ella viajará. Seguramente me olvidará, y me podrá catalogar como un hombre de risas, solo risas. Seguramente en sus libros me encontrará con otro nombre y diferentes vestiduras ¡Quién sabe! El futuro es lo único que va acabándose en el presente. Y lo bueno, es que el futuro siempre tendrá que llegar, algún día. Mientras tanto, yo me encargaré de buscarla en los libros que no he leído, y en las historias que planeo algún día escribir. Esa chica, cuyo nombre no olvido, permanecerá en mí como aquel amor imposible. Porque fue capaz de cautivar con pocos recursos. Y sé que ella tendrá un hombre que la acompañe. Pero no me importa, Por ella, siempre estaré haciendo lo que hace un tiempo estaba buscando: Un canto a la literatura.