sábado, 18 de julio de 2015

¿La Dama Solitaria?

La miré. Ella se quedó mirando por un momento. Se tenía que ir rápido, pero solo yo soy consciente de cuánto dura ese pequeño lapso de tiempo. Se despidió. Pero, yo casi desconsolado por unos segundos, le di un beso de despedida. La volví a abrazar, tal como si no quisiera dejarla ir. No la quiero dejar ir.
Es así, como se empiezan las historias, como se debería tener un pequeño espacio para conocer, para aprender y continuar. Así, tal vez, lo estoy imaginando ciegamente sin darme un poco de cuenta.

Quién sabe. Al día de hoy, entre muchos pensamientos y tantas palabras que aún no han podido salir del borrador, quiso imperar el único mensaje que se está guardando. Levantarse entre tantas historias y pensamientos, inconclusos y descabellados que solo un solitario como yo, podría tomar.

No reconozco mucho, después de tantas historias increíbles que han sucedido. Solo quien conoce verdaderamente a las manos de estas palabras lo sabe, pero aún me pregunto el alcance de una ilusión que es grande, que es inmensa, que no cabe en un solo corazón.

Hoy me sigo preguntando qué es lo que me hace mover por medio de una cadena de casualidades, a algo inimaginable. Y aunque no encuentro congruencia ni lógica entre lo que está pasando, me atrevo a moverme entre esfinges y quimeras propias, solo para concluir una historia, de la que no niego que tengo miedo.

Al día de hoy, siendo otro nuevo ser, cada vez un poco más cerca de la racionalidad deseada, poseo aún el pasado como la carta de presentación al mundo donde solo unos pocos triunfan, y algunos más minoritarios, logran empatar con mucho esfuerzo.

Pero es complicado. Nunca pensé que las esmeraldas cerca a las retinas pudiesen revelar más secretos. Darme cuenta, que no es el color el motivo de maravilla, sino eso tan dulce, eso tan único, eso... Aquello, que no corresponde a algo limitado a ver, sino a sentir, a presenciar.

Llegar al punto de ser comprendido. Y no solo eso, sino encontrar aquel trozo de inocencia, de valentía y de belleza, en un mismo cuerpo. Compartir desde los pensamientos más simples, hasta el motivo de risa por lo que para cualquiera debería ser intocable y prohibido. ¿Cómo puede ser posible?
Solamente me gustaría decirle, bella dama, lo que usted realmente es.
Me gustaría referenciarle, lo grandiosa que es, sin necesidad de tener que mirarla a los ojos. Y aunque, somos conocidos muchos de los de mi género por muchos aspectos, le puedo decir únicamente a usted que no necesito tan siquiera bajar la mirada de su boca, para fijarme en la belleza, que lleva dentro. 
Debo reconocer, que el tiempo con usted se me hace efímero cuando la veo, cuando la siento, cuando la escucho. Y que, el tiempo en su ausencia es más que largo, como sentir un año entero en pocos días.
Mi admiración por usted, es tal que, he visto sus colores por cualquier parte de mi habitación. Que el más minimo trozo de arte y de música, me hace recordarle. Que realmente, mi caligrafía lleva parte de sus manos, y de su voz, para plasmarlo en cada mensaje que quisiera darle.
Nunca me pregunte sobre lo sucedido, lo venidero y el presente. No soy fortuna, no soy piel, y podría decir que ni siquiera un trozo de ternura. Pero, podría asegurarle vida eterna en mis letras, en mis pensamientos y en cualquier carta y manuscrito que se me ocurra, desde que la conozco, en adelante.
Y tal vez, el mensaje empieza diciéndole... ¿O diciéndote? Ya no sé expresarme. Ya no tengo en mente lo que debo escribir, pensar e inclusive actuar. ¿Eres tú?
Es curioso cuando lo pienso. Y tal vez no comprenda lo más esencial de lo que me puedo a llegar a enfrentar. Soy por ahora un hombre que piensa en ella, tal vez más de lo que me podría detener a hacerlo al vivir, y me encuentro en una espiral insensata, cada vez más oscura.

Sé que si continúo bajando por las escaleras, me enfrentaré a un camino cada vez más complicado de volver a subir si no encuentro más descenso. Pero, así mismo debo tener la conciencia, en el hecho de que si es correcto que el pasado pretenda una repetición, haré lo mejor por escribir cada una de mis crónicas llegando hasta la más profunda superficie, y mi eterna vuelta hacia arriba.

No niego ahora, que pareciera simplemente un romántico empedernido extrañándole cada vez que vuelvo a inhalar. Que estoy intentando revivir al mismo ser que desde hace varios treintas no pisaba tierra. Él es quien tiene más fobia, porque sabe todo lo que ocurre. Pero, como le dije entre murmuros: "Hay que escapar del miedo humano a sufrir", porque solo así sabré a cada momento que vuelvo a vivir. Y si esto no sucede, me daré cuenta que podré dar mi alma, y aún seguiré siendo humano, con ella.

Ella. La mujer que me enseñó que un cielo gris no es triste, y me hizo ver ese panorama como lo más hermoso. Con quien no debo temer a el agua que cae de a gotas en el cielo, y de quien estoy seguro que, podría estar escribiendo este mismo texto, dentro de sus mismos sueños. ¿¡Quién sabe!? Solo ella. La misma que ya leyó un pequeño trozo de inspiración manuscrito, de un personaje que no conoce. De un Caballero del que no posee idea. Y que, seguramente habrá construído en su mente poco a poco, a través de cada letra. Y ella, la mujer que con una mirada tímida logró remover hasta los más inhóspitos deseos míos por sentir y hacerlo sin miedo. La misma que sé que, en un punto desesperado de mi imaginación, la consideré Solitaria. La más hermosa, la única hermosa, la única. Es ella... ¿La Dama Solitaria?

sábado, 17 de enero de 2015

Después de la Traición

Llegué a mi casa, y le dije a la primera persona en quien pensé la frase "Ha pasado".
Es increíble a veces, hasta dónde llega el límite del cinismo humano. Inclusive, me pregunto cómo nos afecta eso. Pero, como en alguna ocasión dije. "La bondad no es para todos".

Y no lo niego, el ser humano está destinado a perder. A fallar, y desafortunadamente, a lastimar, inclusive cuando no lo queremos. Esta es la vida, y jugamos como en una partida de parqués, a que las fichas queden acomodadas. Realmente, los cuadros son infinitos, y nunca se logra terminar el tablero, pero siempre tenemos como ideal llegar a un "Seguro", del cual nosotros pareciese que no quisiéramos salir.

A veces somos nosotros los que mandamos. Y disfrutamos mucho ver a otros perder. No somos adultos del todo para siempre, pues muchos lloramos y lamentamos nuestra "repetición de la partida" como si fuésemos un niño, que quisiera nunca ser lastimados.

Cada quien, con sus convicciones, problemas y soluciones, en ocasiones tenemos que sacrificarnos: Una ficha por otra que hemos dejado ir, o básicamente, no dejar que el otro gane por completo. En casos remotos, seremos la carnada, para que otros pierdan.

Es triste, porque no estamos destinados a una vida perfecta. Pero es interesante pensarlo una vez más, porque a fin de cuentas, la enseñanza de nuestra existencia es reconocer que lo más preciado es la vida, y que perder debería ser un elemento para sonreír, para subir la cabeza y darse cuenta que no son las oportunidades, sino el tiempo el que se nos acaba.

Dinero, relaciones ajenas, placeres, pensamientos lujuriosos, los lujos, la "buena vida" y demás... ¿Qué hay de malo? Realmente, no daré mi opinión. Cada uno tiene su opinión al respecto, y no es algo tan simple de pensar. Muchas veces estamos listos para tratar de "ganar un poco más", pero hasta el mejor jugador de póker sabe que en algún momento tendrá que volver a perder para continuar.

Hoy, después de avistar lo que nunca creí posible, y ver a una persona que dentro de su compromiso, rompió contra sus leyes naturales propias (y por quien siento aún el vació más irónico de la vida), me atrevo a cuestionarme sobre nuestras razones por ir más allá. ¿Querer un poco más? No sé. No puedo negar, que inclusive este Caballero Solitario se ha atrevido a probar de aquel fuego tan hostil y peligroso.

Nadie sabe lo que es esto, pero muchos queremos jugar con fuego. No voy a negar mis errores, pues la perfección humana es inalcanzable. Pero, a veces jugar con tantas cosas, es el delito para mentes débiles. Mentir no es para cualquiera, y hay que prepararse mucho para tener la mente firme, a pesar de que lo que decimos no es lo que realmente ocurre por nuestra vida, por nuestra realidad, o por nuestra condición. Así describo lo que sentido yo, cuando deseo fundir un poco mis falanges.

Más aún, es terrible que nadie llega a la pregunta más trascendental de este tema: ¿Vale la pena?

No siempre estamos preparados. Y hay que ser una persona muy astuta para poder obtener lo mejor de aquellos delirios del alma. Cada caso, es posible. Y el día de mañana, puede que inclusive aquella ficha que nunca creímos, esté unos cuadros por detrás, amenazándonos con perder aquella partida perfecta.

El mayor problema, no es perder (Porque siempre uno mismo se podrá volver a recuperar). Sino, más bien, el efecto que tiene en nuestra partida para más adelante. Pues, podemos tener infinitas formas e hipótesis de lo que podemos hacer, pero nunca estaremos listos para volver a echar las manos al dado para otro par. Este problema, que puede ser tan destructivo como cualquier virus, es que casi nadie piensa en ¿Qué podría afectar esto a mi vida?

No hablaré desde el punto de vista religioso, pues no me interesa ser dogmático en este ámbito. Más bien, debo decir que nuestro "sentido común" debería poder llegar más allá. Poder estar seguro de que se puede aportar algo más a la existencia, y que los problemas subsiguientes a lo que hayamos hecho (si sucediesen), hay que tenerlos en cuenta.

Porque, recuperarse de una caída no es tan sencillo como el deseo de caer. No somos "indestructibles", y somos nosotros los que podemos salir más afectados por una situación tan beneficiosa, a la cual podríamos no notarle ningún inconveniente. Reír, tanto como se pueda, y verse en la cima del cielo. Pero como dije, nunca estamos seguros si en algún momento, otra ficha de otro color está detrás de nosotros. O mucho peor, que esta misma ficha nos deje en la ruina por unos pares consecutivos.

Doy fe a que el ser humano puede y es capaz de poder tener en la mente tantas opciones como pueda, pero todo depende de dos cosas: De una decisión nuestra, y del azar.

La decisión nuestra nos garantiza la seguridad propia de que no llegaremos a perder por nuestra culpa. Pero, el azar nadie lo maneja. Ni tú, ni yo, ni nadie de los que conozcas o tan siquiera veas en algún momento de tu vida. Es por eso, que no estamos a salvo, de tan terrible peligro. Y de ahí, se explica que, somos nuestros peores enemigos, nosotros mismos.

Este escrito quería llevarlo hacia otro punto. Otra historia, u otro pensamiento alrededor de mí. Pero me interesé más por aquello que percibí más en la vida. No me quiero dejar de lo ocurrido. Llevarme por lo nocivo, y suicidar mi mente con las ideas. Preferí dar mi perspectiva a algo, de lo cual algún día tendría que hablar.

Después de tanto pensarlo,y dar treinta vueltas después del suicidio a los sentimientos, me he dado cuenta que, la traición no es más que la Jugada de Doble Filo. El resultado de un mal prospecto, de un momento mal aprovechado, y de cosas que se olvidan de a momentos. Sin importar la religión, raza, edad o sexo, esto es más que lo que puede comprometer una decisión. Y, perder es la opción por más confianza propia que exista.

Esta es la ironía de la vida. Y la lección de los que creen ser fuertes. La única jugada a la cual podemos estar nunca acostumbrados. Y aunque, hagamos tratos diplomáticos con un jugador de la misma mesa, no siempre vas a tener la certeza de que por detrás, casi que por obligación vuelvas de nuevo a repetir el colorido cuadro. Es triste, por el sabor amargo del futuro. Pero es más interesante, porque siempre se podrá volver a retomar la partida perfecta que tenemos. Después de todo, quien juega bien puede ganar, y siempre podrá recuperarse, Después de la Traición.