Porque siempre, habrá una historia para cada momento. Así mismo, el personaje de este pequeño fragmento, que en algún momento de la vida, como todos, llega a toparse con todas sus facetas en el presente, y más allá, de toda conciencia.
Es así, como yo llegué. A veces me encargué de ser lo mejor, en otras lo peor. Nunca supe de existencias adicionales, de elementos contiguos a la puerta de mi pensamiento, que en ningún momento llegué a tomar en serio.
Dentro de todo esto, la continuación ha sido interesante. Cada quien, ha sido vital para cada punto de referencia que tomo. Pero... Me di cuenta que no estaba solo, a pesar de mi soledad. Que no llegaba a tener el punto máximo de tener un puñado de arena en la mano, que dejase caer en los pies, pues siempre habrá más.
Ese era yo ( o aún lo soy), el que mantiene pensamientos profundos, con la mirada tibia reflejando lo que realmente siento y aún mantengo detrás de mi propio cerebro. Pero, con el tiempo ha hecho lo mismo que el otoño hace con las hojas del árbol. Es tal vez lo mismo que ocurre al pasar de años, con lo que se deja en el mundo. Se ha ido desmoronando, o tal vez, sencillamente es cuestión de muchos hechos que lo dejan detrás de una cárcel intangible, y un silencio detrás de los barrotes. Ahora, pareciese que quiere refugiarse, aún siendo la misma abstracción que no es sencilla de comprender a sencilla vista.
Por otro lado, despertó "ese", aquel insolente y coqueto que lleva la maldad de la rosa recién cortada. De aquellos que al abrir los ojos, se encuentran con el mundo a su disposición sin tenerlo a su modo. ¿Quién sabe? Nunca logré escucharlo, más sí murmurar. Aquel, maldito y sonriente a su manera, de los que intento repudiar cuando callo y decido solo mirarles extrañado.
Y "otro". Llegó callado, pero contento. Es tal vez un pequeño espacio infinito de sueños mayores. Llegó pisando fuerte, porque desde el primer momento lo escuché mandando a diestra y siniestra. Aunque, respecto a lo primero, recalcaría que es zurdo. Puro, valiente, pero reservado en cada paso que realiza. Aunque, no niego que sus resultados evocarían al mejor triunfador, al más talentoso: Al mejor, en lo que realiza.
Sí. Sé que desaparecí. Sé que realmente olvidé por un momento dónde plasmaba las cosas, y decidí vivir un poco, y tal vez, entrenar un poco la mente para trabajar, estudiar otro poco, y cumplir sueños. Otro, supo cómo debía ser. Pero lo más extraño es que, realizó todo de forma tan sigilosa que cuando ya todo estaba hecho, fue que me dí cuenta de sus deseos y sus objetivos. Es tal vez el trozo de mí, que hacía falta para avanzar, y no quedarme en el lugar tan vertiginoso que en ocasiones, tiende a tomarme a mí, como si fuese un hoyo al infinito.
Tanto tiempo, tantos días y memorias he traído en una pequeña bolsa llena de recuerdos. Y por otro, brindé mis mayores esfuerzos hacia lo que sería Mi Vida Musical, completos en su ser de esfuerzos que pretendían mantenerse hasta que el sol saliera por el Oriente.
No lo niego, aún hoy mi soledad está conmigo. Como siempre lo he dicho, es la chica fiel que se enamoró de mí. Coqueta y disimulada, celosa pero tierna, me logra atraer hasta en lo más profundo de mi ser. Me enloquece y me atrapa hasta tener un descontrol completo. Y es ahí donde aprovecha ese.
Quién sabe qué pudo haberlo despertado, pero tuvo su tiempo impulsando la corona. Respiró de mi aire y miró a través de mis ojos, y tuvo sus silencios, de la forma como un depredador decide cazar. Él, que en cierto momento, acostumbraba a darle un cuarto de vuelta a las manecillas del reloj, con solo el objetivo de seguir en pasos bastante apartados. Mientras, no se supo dónde estaba yo, o Otro. No sabía donde estaba nadie, más que Ese, confabulado con ella, tomando los controles, sin nadie comandando.
Es cuestión de días, tal vez para lograr darse cuenta de los propios demonios. De los auges, los apuros, las prisas, los gustos y los placeres. Todos a la vez, a veces combinados por medio de olores que escapaban en unos minutos, con una esencia de vainilla, o a veces sencillamente de mujer.
Durante todo el recorrido, de más de unos cientos de kilómetros, o tal vez miles, con unas cuantas horas al lado de mi almohada, llegó al poder mientras poco a poco lo ví riéndose. Llegaba un punto donde sentía la mirada de odio, rencor, y tal vez asco. Pero, entre todo ello él estaba ahí para lograr sus objetivos, en sus cabales, en sus pensamientos y pseudorealidad, mientras desde lejos no podía creer en lo que estaba ocurriendo.
Es raro por donde se vea, pero era el único decidido y con motivos para continuar. Pero aunque la magia exista, siempre el encanto acaba algún día. Y así ocurrió para él, mientras de un momento a... Otro, que decidido y convencido después de doce campanas lo alejó. Y aunque lo sabía desde mucho antes, se retiró con total tranquilidad, sabiendo que su protagonismo, tan efímero y corto como los amores de un Caballero Solitario, había dado por ser terminada.
Sin embargo, entre todo ello, las lecciones fueron aprendidas. "Otro", no es más que el pasado pretérito de uno de mis deseos. Y "Ese", al parecer es la locura que realmente quiso tener un nombre propio. Entre otras cosas, porque después de una larga tertulia, supimos cuáles eran nuestros objetivos.
Y así desperté de un largo sueño que me tenía tonto e impávido. Logré recordar que aún las oportunidades de un devenir corto son posibles, que tal vez ese mismo cambio tomó tanto tiempo, que olvidé por todo sentido de la palabra, quién era yo. Y no sé lo que venga mañana, pero cada momento que avanza, estamos deseosos por vivir un momento más. Y ahora, solo queda encender una vela, sonreír con la misma picardía de Ese, callar y actuar atentamente como Otro, mientro no deje de ser el mismo Yo. Mientras eso pase, no me preocuparé de quién tome las riendas. Porque todo caos tiende a volverse más sencillo de entender, más no de apaciguar. Y esto es lo que necesito: Un yo, otro yo y ese yo.