miércoles, 17 de diciembre de 2014

Un canto a la literatura.

Lo mismo de siempre: Las llegadas tarde, mi soledad, mi corazón, mi mente retorcida, mi locura, mis contratiempos... ¿Qué podría cambiar? Una enseñanza valiosa.
Al ver que iba un poco tarde de mi residencia, decidí apurar el paso. El problema es que el trajín no ayuda mucho. Menos aún sabiendo, que uno de mis mayores defectos es dejar todo para después de última hora (Por ello, me atrevo a decir que no soy capaz de ser valioso para una mujer, entre otras causas).

Debía llegar a las 2:00 pm, hora para la cual yo, siendo un docente domiciliario, tenía que estar dictando temas de matemática. Sin embargo, una hora antes estaba terminando de alistar mis cosas, para salir directamente rápido, proporcional a la demora que calculara yo, que iba a tener.

Era una muchacha de escuela. Supuse, en mí mismo que sería corto y fácil, a diferencia de las tres horas que decía la madre de ella, teníamos que demorar. Me dije que no cabría tanto tiempo, y tenía la esperanza de que mi paciencia no se acabara para la media hora, que tenía en mente, demorarme.

Sin embargo, lo que sale mal, termina siendo de esta forma. ¿Quién dice? Quién sabe. Lo único que sé, es que soy el único caballero, a quien verdaderamente siempre le ocurre algo diferente a la hora de tener que llegar puntual. A veces lo logro con suerte, otras veces he merecido algunos regaños.

Siendo así, me dispuse a esperar el bus, el cual demoró más o menos, media hora (Hacer de cuenta, que debía llegar en 20 minutos a cien calles de distancia). Yo murmuraba mis típicas palabras soeces que me identifican. No sabía qué hacer. Pero, al ver que el número de la ruta empezaba a aproximarse, hice la seña para que pudiera subirme, y de esta forma, empezar una travesía por toda la ciudad.

Es curioso. A veces, pienso que siendo hombre, la intriga de un docente como yo, es saber cómo es la futura persona a quien escucharás y de quien obviamente, tendrás que resolver dudas. No iba a ser la primera, pues aproximadamente cincuenta personas había escuchado antes, y ella simplemente sería una más de la lista.

Pero... Cuando se trata de mujeres (o más bien, una persona del sexo opuesto), siempre va a llegar la misma pregunta: ¿Cómo será? ¿Será bonita? ¿Y si, llega a haber una conexión entre los dos? ¿Qué tal no guste de mí? ¿ Qué tal sea seria? ¿Lo será? ¿Y si no lo es, qué haré?

Bueno, realmente son muchas más. Sin embargo, el trabajo de un docente es dictar su clase, dejar las dudas inexistentes y ser responsable en su trabajo. Hay que reptar las distancias, y saber que somos personas que solo debemos limitarnos a nuestro deber.

Pero bien, eso lo pensé en menos de unos minutos (aunque quedó sonando todo el trayecto, como siempre). Lo demás, fueron conexiones entre otras cosas, y el mismo tema, que acabo de referir. Y fue así, como duré un tiempo largo (exhorbitante), dentro de un bus con el cual mi paciencia se pondría prueba. Pues, no solo recibí cualquier cantidad de llamadas de la madre, sino que además, podría temer porque a fin de cuentas, no tuviera trabajo, y tuviese que regresar sin "nadita que comer".

Eran las 2:30, hora que suponía, ya era el fin de mi desgracia. El problema, es que no había acabado más allá de la mitad del trayecto. Sesenta calles faltaban, y no era un gran avance, siendo sensatos. Yo seguí pensando sobre aquella chica con quien tendría la clase. Muchas veces, el tema se hacía muy profundo y algo molesto, como cuando uno mismo prueba un sabor muy ácido.

Pensaba, con tono de esperanza, que esa chica sería bonita (Aunque hay que aclarar que, realmente no influiría en nada. Curiosamente, me gusta tener buen trato con la gente simpática. Realmente, las intenciones de algo más, son solo señuelos del corazón). Sin embargo, no pensé mucho en sus gustos, sino más que todo en su genio. Y es extraño, porque siempre me gusta armarme de mucho humor, pues me encantan las clases "charladas", realizar un poquito de vida social, y romper un ratico el hielo, para no hacer amargo el momento.

Pero... ¿Y si es una persona seria? ¿Y si realmente mi humor no conecta con el de ella? No sabía que sentir. O qué pedir. Pues, no basta con dar largas risas, si realmente no cumplo con mi cometido.

Eran las 3:25 pm. Una hora y media tarde, la verdad con mucha preocupación, y algo dentro de mí que llamaba al fracaso de la ocasión. No sabía ya qué era lo mejor para el momento. Y, bajándome del bus acalorado, pero afuera lloviendo, caminé apresurado, como si cada paso fuera a retrasar un minuto mi demora. Pero, faltaba una cerecita para el pastel: Su residencia era un apartamento, un "conjunto residencial", como le llamamos los de mi tierra (o por lo menos, yo). La mala indicación de la persona que aguardaba en la entrada, era tal que tuvieron que llamarme para que me recogieran.

Curiosamente, la chica me tuvo que ir a recoger. Me dijo "¿Eres El Caballero Solitario?*" Yo le dije que sí, que efectivamente era yo, mientras hacia un gesto amable (lo menos que podía hacer después de una hora y media de retraso).

Subimos, conversando del tema que debíamos resolver. Me di cuenta que la chica solo tuvo mala suerte. Necesitaba ya esta clase, como la decisiva para obtener el cartón, y eso es mucho decir. Además, era tan poco el contenido que ella se limitó a referenciarme en pocas palabras lo que necesitaba.

Al subir, dije "Por fin llegué". Y salió una señora, de unos sesenta y cinco años (Supuse que era la abuela, por una conversación que posteriormente había tenido ella con la señora). Detallé a la chica de un solo vistazo. O bueno, sus ojos. Tenía un piercing, algo que de por sí, siempre repudio yo en una mujer. Sin embargo, no veía ese problema en ella. Tenía un rostro bonito, y realmente su actitud era suficiente, como para que ni siquiera tuviera que bajar los ojos más allá de su cuello.

Llegamos directamente rápido a la mesa donde estudiaríamos. Y empezamos, con mucho afán (pues la madre decía que aquella chica debía estar en algo importante en una hora y media). Por mi parte, lo único que podía decir, siendo las 3:45 pm, es que recibiría solo un tercio de lo que pensé recibir. ¿Valdría la pena?

Pues, aquella clase, terminó exactamente una hora después. Entre risas, mucha charla y algo de conversación, la duración era más que exacta, y no había modo de cobrar un poquito más (pues era salir, e ir a comprar un regalo, para una mujer por la cual ni siquiera sabía yo por qué tomaba la decisión de hacer sacrificios).

Al acabar todo, seguimos hablando. De mi carrera, de sus futuros estudios. Del futuro próximo que cada uno esperaba, y la información sobre el semestre. Nuestras materias favoritas... Todo muy superficial, ambos somos muy reservados. Así que, quince minutos después de haber acabado, me puse mi chaqueta (por dentro mío, sabía que no quería irme. Habíamos reído tanto, y su risa era tan especial, que realmente era imposible poder salir de ahí).

Dentro mío, quería mantenerme ahí. Es una mujer conversadora, a la cual seguramente le gusta esos momentos de café interesantes que no muchos hombres estarían dispuestos a tener. Nunca había tenido tanta afinidad, y tan buenos momentos en una charla. Inclusive, en un punto en el que ella me pregunta por una medalla que ese día llevaba colgado (que me puse de afán antes de salir de mi casa). Era de una banda llamada Iron Maiden, y es una de mis reliquias desde hace ya varios años. Se la había comprado a un tipo que conocía, en los inicios de mi Vida Musical.

Con la cabeza por fuera y mis deseos de quedarme adentro, con la seguridad de que saldría de allí muy pronto, hice una pregunta con la que solo esperaría una respuesta antes de irme: "¿Qué música te gusta?". Ella me dijo con convicción que le gustaba el Rock. Y realmente, una mujer que no se incline por gustos musicales urbanos, o "de calle", es difícil verle. Con su pregunta inicial sobre mi reliquia, sabía que sus gustos eran obvios. Pero, quería dar esa gotita de agua, de la cual nace el mar.

Empezamos a hablar, sobre bandas, sobre géneros, sobre todas las bandas favoritas. Y me di cuenta que era igual a mí en el plano musical. Toca piano,y guitarra desde hacia mucho más tiempo que yo, Mi interés se hacía grande. Y brindábamos temas de conversación que a ambos nos gustan. Sentí en ese momento, la conexión que no se logra siempre, Con risitas tímidas, y una que otra mirada fija. Era increíble, Pues siendo yo el solitario que siempre ha amado las conversaciones interesantes, en las que se mantiene el fuego de un buen humor, estaba interesado en mantenerme.

Todo iba bien, pero dieron en mi punto más débil: La lectura. Realmente, siempre he sido más un hombre de escrituras, de escribir palabras, frases, poemas y versos a la vida. Realizar cantos a quienes pueden en algún momento existir, y a la vida misma, en su máximo esplendor. Mi interés por la lectura no ha sido lo mas fuerte que mantengo. Y aunque manejo un léxico que apenas puede diferenciarse de la muchedumbre, no siempre soy bueno en esto.

Le pregunté por una frase que había escrito. Ella me referenció a un escritor (Del cual nunca escuché, y temía por mi reputación). Así que le pregunté sobre su corriente literaria. Ella me dijo "Depende de cómo lo veas". Y en solo una frase, ví mis esquemas rotos, y todo lo que pudiese saber, en el punto de una eterna duda. Me quedé callado un segundo, y le dije que no recordaba quien era. Así que ella, con tono esperanzado por mantener una conversación entre dos amantes de la literatura, me dijo "A ver, una pista: Su obra más conocida es", y dijo el nombre de un libro, del cual no recuerdo ni siquiera su primera palabra.

Ya no sabía qué hacer. Sabía que ahí, en ese preciso instante se había acabado el interés de ella. Así mismo, se notó. Pues, al responder que solo había escuchado de su nombre, me dijo que debía investigar más de él. "Deberías averiguar quién es, y hablamos". En una frase, mis esperanzas habían sido cortadas con el filo más fino que puede haber: El de una palabra.

Sin embargo, siendo ya las seis de la noche, no quería irme. Quería quedarme un poco más, pues sabía que no duraría mucho en dejar de hablar con ella. Se iría a otro país pronto, y no tendría oportunidad de un espacio para verla. Así que utilicé mi humor para convencerle. Pero hubo un momento de silencio, en donde la palabra virtual se hizo presente, y la habitación no tenía sonido alguno. Pero, hubo un momento, en el que con mis típicas ideas locas, ella soltó una carcajada pequeña, pero dulce.

Es en ese punto, en el que un hombre, puede enamorarse. Con solo una carcajada. No sé si en otros pase, pero en mí sí. A veces, la risa es el mejor alimento para unir, para convivir y existir. Y no hay nada mejor que eso. Porque después de la risa, lo que viene es el idilio. La esperanza, y una manera alegre de continuar con todo.

Continuamos hablando, hasta el punto de que duramos una hora más. Se notaba ya, que ella quería verme ir. Y por lo que analizaba, ella presentía que yo debía sentirme perdido. Por lo que, ella dijo algo que jamás en algún momento pensé: "Te acompaño hasta el paradero". Por un momento creí que ella quería seguir hablando conmigo. Reír un poquito más...No sé. Todo se vio a favor mío, mientras hablábamos y pasó un pequeño bonito momento, mientras la agarraba de los hombros, haciéndola reír un poco. Pero, al llegar al paradero, con la esperanza posible de que, ella se quedara un ratito más, me agradeció, se despidió casi corriendo, y se devolvió.

Ahí en esa despedida, quise hacer algo más. Por lo que, le agradecí la conversación. Suena extraño, lo sé. Pero, sé cuándo estoy hablando con alguien de quien se puede aprender. Y ella fue una de esas personas. Una estudiante, de la cual aprendí mucho.

Después de media hora, tuve que irme en un bus de regreso que no me servía. Comí un  helado al bajarme, y después tomé otro bus con destino a mi casa. Realmente, me quedé con carita de niño feliz, al sentir esa aceptación de otra persona. Aunque claro está, para ella debo ser un tipo con falta de seriedad, por mi llegada a tal hora.

Estaba seguro de que no habrían más clases con ella. No habrían más conversaciones. Aunque, si las continué, enviándole un mensaje de aliento para el día en el que ella debía presentar una prueba para recibir su cartón, a lo que ella me respondió con un agradecimiento grande.

Y lo curioso en este caso, es que la historia aún no finaliza. Sin embargo, lo que puedo concluír por ahora, es que aquella mujer pronto se irá, pues es la vida a la que me he acostumbrado. Mi soledad, la que me ama y jamás me deja ir. Aquella celosa que me arrebata cualquier deseo más allá de mi existencia.

¿Pasará algo algún día? Tal vez por ahora no, pues debo estar consciente que estoy comprometido con una persona, que aunque retoma mi soledad para acomplejarla, merece de mi parte mi fidelidad.

Mientras tanto, ella viajará. Seguramente me olvidará, y me podrá catalogar como un hombre de risas, solo risas. Seguramente en sus libros me encontrará con otro nombre y diferentes vestiduras ¡Quién sabe! El futuro es lo único que va acabándose en el presente. Y lo bueno, es que el futuro siempre tendrá que llegar, algún día. Mientras tanto, yo me encargaré de buscarla en los libros que no he leído, y en las historias que planeo algún día escribir. Esa chica, cuyo nombre no olvido, permanecerá en mí como aquel amor imposible. Porque fue capaz de cautivar con pocos recursos. Y sé que ella tendrá un hombre que la acompañe. Pero no me importa, Por ella, siempre estaré haciendo lo que hace un tiempo estaba buscando: Un canto a la literatura.

jueves, 20 de noviembre de 2014

La luz, el foco, el lente, y yo.

Una historia, que si la entiendes, supongo que sabrás lo que comprende ser luz, o ser oscuridad.
La luz. ¡Cómo anhelarla! Como desearla. Pues, cada centímetro de cada paso me doy cuenta que es aquel punto bien definido en el camino.

Luz... Ella. ¡Quién sabe dónde habrá estado! No sé si hubo falta, o si hubo exceso. Puede que mi olvido tan confuso y complejo me esté llevando a tener que dejar poco presente lo que sucede.

Sin embargo, pensar en la Luz, es inmensamente diferente. Pues estar detrás del vidrio, no me hizo dejar de necesitarle. Fue como el deseo impetuoso de dejar por fuera todo lo malo, a pesar de que iluminara en mi mente. Nunca supe hasta qué punto fue malo o bueno, pero me alejé por un buen rato, como si eso llegase a ser mi solución.

Y después de estar en la acera, subiendo y bajando escaleras, solo me topé con el encuentro de yo, conmigo mismo. Sí, suena raro. No lo niego. Pero, es aquel momento, específicamente, donde uno mismo se encuentra con su propia imagen, con ese "producto" dado por todo lo que ha ocurrido.

Así mismo, me estoy dando cuenta de cuánto me hace falta la Luz. Aquella que deseé por tanto tiempo, y de la que realmente, ni siquiera su nombre volví a escuchar.

Por otro lado, la imagen me hizo ver que en la mano, llevo un foco. Ese foco, era sustancialmente particular, porque era intermitente. Diría mi madre, que simplemente está fundido. Pero, no lo está, pues siempre vuelve a funcionar: Como si hubiese un interruptor, como si aquel foco tuviera la decisión propia de encenderse y apagarse.

Tal vez esa vista me hizo un poco empedernido al deseo de encontrar la causa de todo esto. Pues no era solo eso lo que me impresionaba, pues aparecía con algunas arrugas, y una zona específica, con ciertas quemaduras, como si estuviese hecho cenizas dicha parte. Era la parte del pecho, justo en el centro, como si en vez de corazón, tuviera un pequeño trozo de metal ardiente y fundido.

Más allá, encontré que se hallaba un lente detrás mío. No sé exactamente si era de esa forma, de esa naturaleza. Sin embargo, podía entender que era una pequeña iluminación, que según el reflejo, podía dar en mí en ocasiones, o simplemente separarse hacia otro punto. Fue desconcertante, porque además hace ya un tiempo atrás había apagado el fondo, era todo oscuro, y solo tenía el foco, y ese pequeño lentesito.

Por lo que después de todo, preferí empezar a caminar ( o a continuar haciéndolo). "Todo indica que el alrededor está oscuro", Por lo que, estaba sobreviviendo solo con aquel foco, que aunque poco podía iluminar, podía hacerme entender el panorama.

Entre todo, encontré algunas bestias. Más que todo, lobos, lagartijas y unos cuentos insectos. Lo triste, es que sentía cómo lo que conocía fue cada vez menor. Pues, entre la oscuridad sabía que era un lugar donde cada cosita dentro de ella la conocía. Pero, con el avanzar de los pasos, me topé con una selva más espesa, más llena de alimañas aún mas desconocidas.

No sé... Es fascinante la aventura, dije. Pero, sentía miedo. No es lo que parece. Pues, caminar entre una selva oscura con solo un foco que te alumbra casi cuando lo desea, es algo difícil.

El lentesito se había perdido. La Luz aún más. Sin embargo, quise vivir ahí con ese foco, para que me alumbrara y en lo posible, calentase lo poco que pudiese. Y aunque no niego que muchas veces sentí el frío, entre sus intermitencias lograba dar más de lo normal para alumbrar. Pero cuando necesitaba calor, cuando tenía miedo, o cuando simplemente era la misma neblina la que nublaba, era el justo instante para sentirme solo.

Sin embargo, con el pasar del tiempo, seguí caminando. Pero, al ver que dicho foco cada vez se apagaba más (o inclusive quemaba mis manos cada vez que pensaba en la Luz o el lentesito que se desapareció), Fue así como me di cuenta, que realmente mi camino ha estado cegado desde el comienzo. Porque, caminar con una luz intermitente es complicado. Y tal vez, solo tal vez, hoy en día ese foco no logre dar lo que era antes.

Así, pasé de bosques y mesetas a desiertos. Y nadie sabe lo que sentí, entre el invierno inhóspito de un lugar poco conocido, con un calor que se iba demasiado, y la oscuridad a flor de piel. No era fácil aquella "aventura" que en un momento planteé.

Así, es como después de continuar trayectos cortos, largo y hasta encerrados, apunté en el piso mis recuerdos (que con el tiempo se borran de la cabeza por diversión de lo que haya dentro de mí). Y, sin preámbulo en intermedio, caminé. Más y más. Una y otra vez, lo hice hasta llegar al punto de volver a ver algo conocido.

Todo oscuro, todo frío se tornó el ambiente. Sin embargo, al poder reconocer algunas cosas ( ahora por algo de luminosidad), entre las que estaba aquel lentesito, supe que a veces esos trayectos pueden ser complicados.

No lo sé... Con lo que me he mantenido, en este pequeño cuarto en medio de un campo abierto, al espera de lo que haya, me doy cuenta que la Luz, que encontré de nuevo y anda conmigo, está ahí dándome apoyo para levantar la cabeza. No niego que a veces es más tenue su intensidad, pero jamás deja de ser tan fuerte, aunque menos de lo que fue antes de irme.

Y después de mucho pensarlo, me di cuenta que el foco lo llevo desde el mismo tiempo que decidí llevar en la mano algo más. Que aquella quemadura fue entendible, pues cuando volví a verme encontré algunas cenizas, y un color vinotinto, que era despreciable frente a la oscuridad de su borde. El lentesito, brilla pocas veces, y en ocasiones me brinda un poco me compañía.

Pero entre todo, me pregunto qué fue. Pues, ahora la Luz alumbra más. Y aquel bombillito, está en mi mano. Aún así, lo quiero soltar, pero no quebrantarlo. El lentesito sigue siendo el mismo, y ahora pareciese como si fuese esa Luz la que me hace encontrar un buen momento y una gran visión.

No sé... Hasta el día de hoy me sigo preguntando lo mismo. Pues, llevo un foco, un lente y una luz. Pero... ¿Quién está alumbrando más? No lo sé. O puede que si, y esté empezando a aceptar la respuesta después de notar la imagen del espejo. Porque, en últimas está la luz, está el foco, el lento y yo. Y de esta historia, el blanco es la única verdad.

domingo, 21 de septiembre de 2014

Carta a la ingratitud

El recuerdo, es como una flor silvestre: Puedes acariciarla, puedes olerla y puedes admirarla. Sin embargo, lo que es seguro, es que apenas la toques, sentirás alguna de sus espinas. Por ello, el olvido no existe en su totalidad. Solamente, la precaución para tocar aquella flor.
Ha pasado tiempo, tal vez demasiado después de aquel hecho. Después de aquel tormento, que sin dudas me hizo alguien peor. Es la pena que se fue de mi vida, después de mucho tiempo, tanto después de que la piel hubiese sido el inventor de la traición.

Hoy en día, eres solamente aquella persona que reaparece como la luz en un sótano. Tan solo el viento que traspasa en un baño cualquiera, y el aroma de un cuarto totalmente vacío. Afortunadamente, eres lo que jamás pudiste llegar a ser, y tal vez, lo que siempre seguirás siendo.

Al día de hoy, no es más que un simple recuerdo insulso que me llega. Es rencor. Es aquel punto donde me doy cuenta que mi interior no lleva únicamente bondad. Es la maldad que hostiga el pensamiento, y que a su vez mata al corazón.

Realmente, han sido horas. O no, tal vez días. O un poco más: Meses. E incluso, años. Años, en los que me he encontrado conmigo mismo. Y con los que, lidiar con todo ha sido mi mayor delirio. Ese disgusto, que envenena el alma, y deja sin pudor a la más simple de las ideas.

Ese personaje eres tú. Aquella zona inquieta que raya lo absurdo, y lo inútil que puedes llegar a ser en un momento donde la necesidad es más que obvia. A fin de cuentas, mi furia siempre aparece, cuando de recordar la historia siempre se trata. Narrando y narrando, como si de verdad tuviera la capacidad de decirlo, con la misma valentía que se tuvo para realizar esa traición.

Le quiero decir, que al día de hoy, mucho ha cambiado. No digo que haya sido quien dio el inicio, pero si quien marcó el auge de lo peor que ha sucedido. Y la mancha de sangre que recubre cada célula que se mantiene con esa viva gana de venganza pura.

Eres y dejas de ser. Desapareces, pero vuelves cuando mi mente lo desea. El mismo acto suicida que pasa por mi mente, y el recuerdo de que soy recipiente de infidelidades dolorosas.

Le quiero decir, que hoy me siento igual que ayer. A ese ayer en el que más que una Independencia, marcó un fin de una pequeña parte de la esperanza. Que tal vez, con letras, reafirmo lo que siempre me hace mantener las entrañas dentro de cada verso, atascado en el papel.

Ingratitud, como deseé llamarle, es lo que es. Eres lo que es. Es lo que eres. Y no serás más. Pues, al día de hoy, solo hay sílabas que me llegan por el susurro del trino de un pájaro. Por el deseo impetuoso de un mensaje con palabras bellas. Pero jamás, el detalle de necesitar la voz, la alegría, o una sonrisa.

No eres más que el simple látigo del infame, que solo golpea, porque simplemente lo hace. Ya ni siquiera lo piensas, y aún así te sientes completamente viva, llena de prospectos y proyectos.

Y por allá, más al frente de tus ojos, sabrás que aquel hecho dejó perdido el valor de una buena frase, y un bonito momento. Uno de un par de treintas, para llegar a aquel día.

Y aunque, si no he llegado mis limites me mantengo, mi perdón y mi olvido siguen en el mismo punto: A punto, y en el punto de no dejar pasar su rostro. Un perplejo murmullo, sé que es lo único que logra pasar.

Más aún, es ese rencor, y mi sed vengativa, que me conlleva a golpear mis letras. Mis puntos. Mis comas, y mis signos. Porque solo ellas me pueden entender, y saber los pensamientos detrás de cada chasqueada de dedos.

Señora Ingratitud...Señorita. Al día de hoy, después de varios años, mantiene el mismo pensamiento y dura perspectiva. Quien robó amistad por un beso, y lujuria solo por deseo. Más solo sé, que aquella persona capaz de ser tu confidente y tu cómplice, resultó siendo un victimario más, que logró arribar hasta cada centímetro de tu piel, mientras yo rogaba desde mi propia silla volverte a ver.

¿Es eso justo? El punto de no olvidar mi martirio, y convertirme en un esclavo. Aunque siendo todo equilibrado, es la locura, la ceguera y el ánimo, lo que me mantiene intermitente a esto.

La primera letra del abecedario, que conlleva mi alma en perdición de llamas, y un a escopeta llena de flores marchitadas queriendo arribar por la copa de la champaña que pienso dejar de beber. Más, más y más, eres tú.

Pero, aunque hayan flores vivas en el jardín, seguirás siendo mi querida Ingratitud, y uno de mis esclavos terrenales, queriéndome convencer, de que vale la pena ser un infame sin escrúpulos.

Hoy en día, puede que pagues una condena, o solo disfrutes de tu vida. Sé que estas letras jamás llegarán a ti. Más solo sé, que si te vuelvo a ver, tan solo veré con desdén los ojos que sé que podía mirar fijamente. Pues afortunadamente, tu apodo de felpa no afectará nada en lo que piense.

Señorita, Señorita Ingratitud. Eso eres, y seguirás siendo. Un amor del pasado que ahora llevo desde lejos, con la promesa de no volverte a hablar. Y aunque cumplí ese pacto, siempre brillarán algunas pocas rosas del jardín de aquella arma.

Porque descansando entre verde, podrás escapar, y alejarte de mi. Pero afortunadamente, hoy se cumplen meses desde tu partida. Con el miedo de volver a escucharte, hablarte y verte. Pero sé, que no seré más esclavo, sino feudal. Dueño de mí y lo que puedo llegar a ser y hacer.

No eres más que la página, que he dejado doblada en el libro. Tal vez manchada de tinta, y marcada con su nombre. Esperando, algún día, poder saber que aquel error, aquella traición, que se llevó de mi vida aquel amigo mío, fue solo una cruel y dura mentira. Pero, al despertarme, siempre lo comprendo: Fuiste tú, quien me enseñó que la bondad no es para todos. Y que no todos, tendrán la capacidad de hacerte feliz. O simplemente, no sentir lo que sientes tú: Ingratitud.

viernes, 1 de agosto de 2014

Seriedad del Villano

Entonces me preguntó que había sido, de aquella vida de mujeres riendo desde lejos, y saber que había un apoyo universal. Encontrarse como si hubieses sido un casanova. Preguntar todo ese pasado, ese cambio, ese devenir y ese delicioso momento del amor, que poco a poco fue divagando esos tiempos. Reí con mi único amigo, mi mejor amigo. Y saber que, llegar a un punto que es totalmente opuesto al que estabas. ¿Qué pasó?
"Tomo café". "No hago nada". "No me siento."

Recuerdo esos tiempos y días, en los que era de "aquellos" llamados "populares". Ese granito de alegría de reconocer que, vas por la calle y alguien te conoce. Alguien te pregunta como estás y siempre habrá alguna persona, que te dirá que si aceptas una relación efímera.

Sin embargo... Resulté siendo un villano. Un tirano. Una bestia completa, de la cual se hablaba que muchas veces se convertía en picaflor, buscando cualquier gota de cariño barato, o muchas veces infantil. Muchas veces vacío, o solo con el interés erróneo, de que "estar con muchas es ser feliz".

Pero, realmente jamás fui villano: Los héroes se reconocen porque solo relucen buenas acciones, y son astutos para esconder lo insulso. En otro caso, siempre serás villano. Para alguien, para algunos, para todos.
Y a mi, un tipo callado que empezó desde el comienzo de su "vida" a abrazar las palabras, buscar el cariño que realmente no poseía y dar todo por ser un hombre gentil, trae graves consecuencias.

Palabras grotescas, a veces aterrorizantes, se me fueron atribuyendo. Me incluyeron ladrido, y hasta pelaje. Pero... ¿Desde cuándo eso? ¿Cuándo realmente me convertí en un ser sin escrúpulos, que buscaba la falda de las chicas, y entronaba besos deseables, casi acostumbrado? ¿Desde cuándo mi nombre no daba igual a mi apellido, y simplemente lograba un apelativo así? Con el tiempo logré comprender.

Al comienzo, fue algo que sin precedentes, y de imprevisto, sucedió. Como una persona cualquiera. Tal vez con hambre de tener una vida llena de gente a la cual le lograras importar... Así fue como, me habló una chica, de la cual recuerdo su nombre, y el apodo que en un futuro apliqué.

Y así, empezó todo. Como si fuese un tipo querido, sencillo y con motivos para reír y hacer reír. Daba esos motivos para una conversación amena, aunque todo fuese tan lejano y tan distraído.

Sin embargo, el pasado solitario que había llevado, llevó mi alma a tener que recurrir a conocer más. De hecho, conocí y conocí, y volví a conocer gente que era de diferentes partes. Aunque muchas de esas personas, convivían de un mismo lugar.

Y así, me condené, poco a poco, codo a codo, con palabras y señalizaciones. Dormir con el consentimiento de otros para que te nombraran como quien no eras. Así mismo, mi mejor amigo pensaba que era un "casanova", por conocer muchas mujeres.

Aunque realmente no fuese tan intrínseca la demostración, siempre hubo el espacio para mis dudas. Porque, no todos son amigos: Así me di cuenta. No hay forma en la que puedas convencerte a ti mismo, y tomar elementos seguros de que tienes suficientes amigos, o amigas. Me fui enredando en una telaraña, de la cual me sentí cobijado: Amigo de muchas mujeres, un buen conocido de muchos, el enemigo amenazado de unos cuantos, y un buen compañero para hablar.

Pero no faltaba, aquella persona que verdaderamente, no decía nada. Absolutamente nada. Era como hablar con la conciencia durante un crimen: Era muy poco como respuesta, y como tema. Sin embargo, como me sentí "cómodo", no vi necesidad de cambiar. Sabía que era el paraíso, y que cualquiera te conocería, como si fueses un reconocido personaje.

Más allá de lo que pensé, no fue así. Realmente, lo que ocurría era diferente. Eran las miradas frías de muchas personas. Otras en cambio, como si fueras una copa de elíxir andante. Algunas con desconocimiento, pero muchas con repudio... Fue así como ya dentro de dicho mundo, estás en el centro de un vórtice muy peligroso.

Por aparte, estaba el corazón. Y así mismo, mis sentimientos y mi lucha, por ser siempre un hombre fiel, bueno, y que impactara. Más que por sus pensamientos, por su forma de ser. Fue como pasé de un solitario completo a solitario reconocido. Pero nadie nota la diferencia a simple vista. Y ser "reconocido", para muchos, es símbolo de lujuria y deseo ajeno.

Con la sonrisa de mucha gente, empecé mi travesía entre todo lo que pensé, sería perfecto: Primero conversaciones, después llamadas, después encuentros de charla (y como máximo abrazos). Cada cosa, siguiente a la otra, con un vacío mucho mayor.

No basta a veces con la conversación.


Primero, fueron conversaciones a distancia. Eso, de que sabes sus nombres, y tal vez su entorno... Pero jamás sabrás quién es específicamente. En ningún momento podrás reconocer a esa otra persona, en la calle si llegaras a cruzarte. ¿O tal vez si? Bueno, la facilidad de la actualidad digital, y su magia para envenenarnos con la vanidad fotográfica, es inmensa.


Pero, así mismo, le bastó poco a lo que me hacía sentir por dentro. De esta forma, se fue conformando con palabras simples, aunque un tanto dulces. Con ánimos y con dichos al aire. O coqueteos efímeros obtenidos de Neruda.

No faltó tiempo para llevarme algunas sorpresas. Así mismo, unas cuantas decepciones y ciertos odios, que con el tiempo curan. Y, lo que nadie logró ver, es que aquel tipo que se ilusionaba, permanecía constantemente en llanto. Así mismo, forjó su soledad. Y también, fue cambiando poco a poco. Más aún, porque su primera ilusión, fue arrebatada por una amistad tan falsa como la felicidad que creía tener.

Desde ese momento, dejé de confiar un poco, o tal vez mucho en aquellos compañeros de convivencia. Y no fue algo simple, pues mi "hermano" (como lo suelo llamar), tuvo repudio frente a muchas acciones mías, que como tal iba manteniendo.

Hasta este punto, me había costado tiempo, muchos problemas y darme cuenta de la falsedad de una amistad muy cercana. Así, me fui enterrando cada vez la única estaca que yo mismo construí.

Así, fue como llegué a encontrarme, con muy pocas personas.


Pero... No era facil pasar de lo lejano, a lo cercano. Mi primer encuentro con alguna persona se realizó. Para ese tiempo, llevaba algunas personas conocidas, suficiente como para reconocerme, en ese pequeño tramo de la vida.


Realmente aquella persona, me invitó a charlar, y jugar un poco con una niña que conocimos ese mismo día. ¿Besos? ¿Caricias? ¿Coqueteo? No, no hubo. Pues, siempre he dejado en claro que debo respetar a la mujer, mucho más aún teniendo su presencia al frente.

Esa primera ocasión me brindó alas para saber que iba progresando, en cambiar dicha soledad que aquejaba a cada rato, con cada falange y mi pensamiento rondando por cualquier medio.

Así mismo, fue pasando el tiempo. Muchas personas me dejaban inclusive, "...bajo la lluvia dos horas. Mil horas, como un perro". Y aunque, nadie llegaba a saber algo, en mi caso me sentí imbécil, sin valor. Tal vez pensaba que, esa soledad realmente, no era cualquiera. Era una muy fiel, que me coqueteaba a cada rato, y espantaba cualquier persona con quien nos interpusiera.

Pero no todo fue malo. Tuve aquellos "tiempesilos" en donde, el amor (...o eso pensé) me daba momentos cortos de alegría. Curiosamente, era un "amor" sin besos, sin verse, sin palabras totales de apoyo, o algo por el estilo... Era amor sin amor. Realmente, jamás había salido de la primera época, donde me bastaba aún con palabras. Y aunque la alegría fue corta, el dolor fue en vano. Por no decir, que muy frustrante. Y solo una persona, fue testigo de aquella masacre a cada célula que dedicaba para entregarme a lo verdadero.

Y cada persona que pensaba que llenaría mi vida, iba destruyendo más, lo que llevaba dentro. Exceptuando solo dos : Una a quien fallé, y otra a quien siempre quise. Del resto, era solo un juguete, que básicamente podía ser manipulado. Abandonado por otras personas, e inclusive... cosas.

Mientras yo sufría por gente que realmente me había dejado cenizas, habían otras "animalizándome", sin saber de condiciones, de hechos... De bases y elementos que poco a poco, me fueron destruyendo.

Todo eso, hasta llegar a un punto en el que tenía tantas personas y/o amistades conocidas, que de por sí, los pocos "amores" que tuve, en muchas ocasiones afectaban poco por medo de recuerdos. Pero aún así, la cantidad de gente que pudiese reconocer no me retiraba mi desánimo con todo, conmigo, con los demás, con lo que pensaba, con lo que sentí... Con la misma vida.

Así mismo, no niego que cometí errores. Más, lo que no acepto es que haya hecho algo, que fuera infiel, o tan siquiera, "picaflor". Y tuve que aprender, que los ánimos y el buen trato no son para cualquiera, y que no vale la pena, ser una buena persona.

Con lo que ya había ocurrido, solo me quedaba una opción: Desistir (por ahora). Y fue una opción que tomé de la mejor manera. Y, que inclusive, tuvo pruebas y formas de haber sido aplicado sin afectarme mucho. Pues, las heridas marcadas aún podían sangrar, por más que cicatrizaran.

Mucha gente me preguntaba mi condición como solitario, siendo que me llamaban "buena persona". Realmente siempre concluía que no tenía muy buena suerte, o que tal vez no tuviera suficiente valor para alguien como para llegar al trono de los que son amados. A lo que, comúnmente respondían con palabras de aliento, un poco de halago pequeño y un horizonte de vida. Pero, cada vez me iba dando cuenta que era retahíla sacada del armario del lado.

Seguí sufriendo con el tiempo. Y lo único, era la gente que, intermitentemente ya, aparecía para brindarme otro "empujonsito". Mi mejor amigo para esos días, ya estaba en otra parte. Y no podía hacer mucho al respecto.

Aparecía y desaparecía cada tiempo, y sentí que mi presencia no era necesaria. ¿Quién realmente intentó preguntar por mi? Así, con una pregunta y un poco de tiempo, logré concluir que si yo hubiese llegado a morir, la primera persona se enteraría al día siguiente de mi entierro. Y que muchos, me tomarían como si simplemente, hubiese dejado de hablarles.

Justamente de nuevo con soledad y algunos cambios en mi realidad, tuve que afrontar mi camino con más y más desdichas. Personas que, en su interior no llevaban más que lujuria, o solo gustos que no iban más allá de una simple sonrisa, o una figura masculina esbelta.

Por otro lado, fui olvidado en el mundo, que yo mismo quise crear. ¿Por qué? Bueno, a veces no vale la pena ser conocido. Mucho menos, permanecer como un personaje de apoyo para muchas personas del otro sexo.

Me había ya aburrido de sentir, y aún permanecía recordando el pasado con gran dolor. Pero, levanté el rostro, y continué con un ánimo mayor al comienzo. Hacer como algo "normal" el hecho de que te fallaran, sobre todo con otra persona. Y mantuve una buena parte de la gente, o de las mujeres, que aún conocía, como personas que me apoyaban en todo momento. Inclusive, decidí seguir hablando con muchas de las personas que me habían hecho daño.

Algún día, aquella chica a quien fallé, le interesó hablar conmigo de nuevo. De hecho, pensé que serían conversaciones corrientes, y que no iba a ser más que otra historia acabada tristemente. Por lo que, no llevé tanta ilusión, y ese ahínco que al hablar, uno siempre brinda con la persona que roba la sonrisa propia.

Con el tiempo, aquella muchacha se convirtió en mi primer amor. Y en la primera persona que, me dio la valentía de sentir, mucho más allá de las palabras. Sin embargo, no niego que, aunque firme sigo manteniendo mi lástima propia. Pero, al día de hoy se convirtió en costumbre, lo que obviamente, me hace consciente de mi decisión.

Más aún, siendo una persona con quien verdaderamente, es una historia que no iba detrás de una comunicación lejana, o un encuentro cada mes, valía la pena decidir. Es así, como tomé mis riendas, y salí del mundo que conocí. ¿Por qué? Realmente, sabía que tendría muchos problemas. Además, aquella persona me dio aquella prohibición, sin condiciones.

Sé que muchos repudiarán como yo esa decisión, pero es así como comprendí, de mala forma, la verdad de las cosas. Lo que me tiene hoy anclado a algo totalmente diferente, y a pensar de una forma paralela. A saber que los caballeros no existen, y que el hombre perfecto, no es el bondadoso. Y menos aún, lo que una mujer podría buscar.

¿Hasta dónde ha llegado el estigma múltiple de la sociedad? Es increíble la complejidad que posee la bondad para poder actuar dentro de un mundo tan hostil e infame. Nadie se salva, y casi todos nos adaptamos a él. Pero... No es lógico.

Al día de hoy, ese mundo que quise una vez conocer, así mismo dejé atrás. Tal vez, por amor. ¿Y vale la pena? Tal vez. Pues, si llega a finalizar mi realidad, será parcialmente en vano. En otro caso, eso daría frutos.

Ahora solo soy un olvidado. Una persona que, existió y pudo estar en palabras de pasillo y pensamientos negativos ajenos. Así fue como logré, tomar riendas de mi vida, y salir de la telaraña, que casi me vence.

Me enorgullezco en que, siempre fui fiel con quienes quisieron subvalorarme. De ser respetuoso y bondadoso, con quienes lo valoraron. Y ser lo que soy, con la mujer que actualmente, entre lágrimas me ha hecho flotar mi sonrisa.

Y... ¿Quién fue el villano? El villano de esta historia, fue la imaginación. No hubo "Alguien". Básicamente, soy villano por quienes verlo así, y por quienes realmente, cegan sus ojos y los mantienen fijos en un punto donde no hay qué hacer. Vale la pena anotar, que la mujer de hoy no busca un hombre que sepa hablar bien, o que realmente sea un buen tipo. Hoy en día, ya no se busca quien verdaderamente puede tener el rostro fijado en aquella persona que siempre se lleva el suspiro más intrínseco. Sin embargo, este tema será de otro libro.

Por ahora, sigo siendo el mismo Caballero Solitario de siempre. Con mis dolores, y penas que olvidé, afortunadamente. Sin embargo, esos vacíos que tengo por dentro, esa maraña de tela que aún no he logrado recoger, sigue ahí. Las aproximadamente diecisiete personas que me han hecho dar cuenta, de que un regalo o una persona de aspecto más simpático es mucho mas valioso que el hombre que se entrega de verdad con ternura; me han dejado marcas diferentes. Ahora, es poca gente la que conozco, o tal vez, solo habla conmigo. La demás, se ha ido. Por olvido, por obviar... Por no comprender, que mi objetivo fue siempre, ser un buen hombre. Y, puede que me esté conviertiendo en un monstruo. No solo por el pasado, sino también influído por el presente. Pues, aquella "animalización", aún me la recuerdan algunas de las pocas personas que siguen conmigo. 

En mí, solo queda sufrir parcialmente en silencio. No hay muchos motivos sólidos que me empujen a valorar ese pasado que pasó mis ojos, pues llegué al mismo punto que al comienzo, con pinceladas más pequeñas que los agujeros que "amores" que permutaron mi querer. Con el rojo de una pasión, que en poco al día de hoy, me está destrozando. Con el azul de tranquilidad, que actualmente, parece irse como si estuviese casi extinto. Aunque hoy en día demuestro felicidad al mundo, mi realidad es otra. Y así ha sido siempre.

No hay un final feliz para este cuento, pero tal vez lo haya en algún momento. Por ahora, me queda seguir dando amor a cambio de libertad, de felicidad y de seguridad propia. Pues, aunque el amor se vista de rosa, siempre tendrá espinas. Y estas mismas, me siguen llevando lentamente a la perdición de mi esencia, y a refirmar mi soledad.

¿Quién fue el villano? Puede que sea la sociedad, por haber cambiado esos estigmas, y culparme por lo que he hecho. Puede ser mi pasado, lleno de aberturas llenas de dudas que me conllevan a pensamientos erróneos. Pueden ser mis pensamientos, por tomar las cosas como no se deben, y darme una vista diferente a la realidad. O puedo ser yo, por simplemente crear mi mundo, y transformarlo en un paraíso en construcción que no plantea jamás terminar. Sea quien sea, me tomo yo, siendo villano. Porque así crecí, y porque así mismo, soy el mismo villano, que dentro de su propia maldad, sigue aún preguntándose el motivo de todos aquellos tropiezos, que hoy en día, aún ocurren. Porque por más amoroso, sencillo o fiel que sea, ha recibido de cada persona que llega a su vida, preguntas incesantes, y peores hechos que no dejan de continuar. La verdad, hoy puede que no valga la pena ser bueno. O ser lo que puedas ser. Porque sea como sea, no verán tu seriedad: Esa, que yo llamo La Seriedad del Villano.


sábado, 26 de abril de 2014

Las Bandas de Rock de hoy en Día (1): Gustos Musicales.

Compartiré un poco de mis experiencias. Algunos de mis inicios (a pesar de que no he salido de ellos). Después de haber pasado por un hecho, el cual hará parte de un repudio total mío hacia algunas personas, sé que aprendí y me divertí cuando debía hacerlo. Así mismo, funciona la música: Un lugar diferente para aprender, divertirse y vivir... Lo que muchos no tienen en cuenta, es que esto conlleva más.

Cuando "empecé" con mi primer instrumento, recuerdo que lo hice únicamente porque un amigo (con el que tenía muy buena relación y gustos musicales afines) me referenció que había "...una vacante" como Baterista.
Sin embargo, mi sueño de toda la vida fue la Guitarra, por lo que pensé dos veces. O más bien, dos segundos. Y acepté.

¿Por qué? Bien. Cuando estás en este mundo, de escalas, notas, espacios, tiempos y demás, debes inclinarte por un instrumento con el que te guiarás siempre. Muy pocos, deciden explorar más allá. Y uno de ellos fui yo, cuando empecé con la causa "Quiero simplemente tocar en una banda".

En las épocas de infancia, comúnmente los programas tienden a hacernos ver, que la vida del "Rock(Pop)star" está llena de fama, dinero, "chicas" y diversión. Pero si eso fuese así... ¿Por qué bandas como Cream se separaron?

Con la misma mentalidad de cuando inicié (o fui iniciado), muchos comienzan igual. Sin embargo, el auge de los instrumentos es tal, que hoy en día lograr divisar a una persona con Guitarra, casi cada vez que sales de tu casa, así sea solo a comprar víveres. Esto se convirtió en una moda, y no es para más: Bandas y "artistas" adolescentes se dan el lujo de poder dar una cara al público con una simple cara bonita, rebelde y hasta libertina; dejando de lado principios básicos como ser humano.

Como dije hace poco, "Lo que le pasó al Rock, le pasará igual al Pop de hoy en día. Es ahí cuando veremos una revolución musical". Sin embargo, muchos jóvenes se sienten atraídos con la "rudeza" de estos personajes. Muchos llegan inclusive a pensar, como sucedió con un algún grupo de músicos en el que estaba; que con solo tocar bien o en lugares conocidos se llega a internacionalizar. Si fuese así, Eric Clapton ya hubiese tenido una presentación, así fuese en Suramérica. Pero, nadie los quiere. Muy pocos se atreven a darse el lujo de entender todo lo que puede llegar a acarrear ser músico y hacer música.

Después de tiempo de que, empezara a aprender algunas canciones, me di cuenta que basarse en lo que se aprende en teoría es peligroso. Es más: A veces, cuando se tiene un docente, se debe saber de que dicha persona, sabe utilizar todos los recursos en la medida necesaria, y en el momento necesario. Esta enseñanza fue impartida, a través de que, por mal descubrimiento mío, empecé a manejar el metrónomo muy tarde.

Así mismo, encontramos que si colocas a un guitarrista a tocar, es raro oírlo con la misma velocidad. Inclusive, acepto yo, que en mis primeras presentaciones con lo que fue mi primera banda, tendía a confundir a mis compañeros por falta de bases, y creer que, con tan solo saber tocar, y aprender cosas pequeñas y conocer bien lo que tocaba, era suficiente.

Muchos piensan que puede llegar a ser como el video de "Whiskey in the Jar" de Metallica, pero cada uno forja su destino. Hay quienes lo hacen, hay otros que en cambio desean aportar más música al mundo, que dinero a las licorerías.

Y, ese prototipo de que "una banda de rock se distingue porque bebes, fumas, te drogas, estás rodeado de chicas y tocas alabanzas a Satanás", aún continúa actualmente. He tenido detractores, que van desde mis compañeros de estudio hasta las personas con las que se tiene una relación sentimental (Aún así, sigo siendo el Caballero Solitario). Todo, porque las épocas doradas de dichos géneros, fueron alterados con estos eventos, que aunque fueron realidad, no fue de todos los músicos.

O en el caso del Reggae, siempre se toma la figura de un Rastafari vestido de verde, fumando marihuana. O el caso del Pop, una mujer que cante con un registro agudo y una apariencia agradable hacia los hombres (por no decir que también se le suma, el de la chica que canta casi desnuda). O el caso de la música clásica, que es un erudito con mucho cabello y culto, o una mujer de prodigio vocal.

Pero todos, no tienen que ser así. No niego que aún esta idea falsa que te venden los "medios" sigue intacta por muchas personas, pero también digo que esto no depende de los fans, sino de los artistas también. Pero, las compañías están exigiendo cada vez más controversia, esto es lo que vende. Y, no es difícil ya verse con una igualdad de escalas musicales, extrañezas de letras y confirmación de que, en sí, "Una cara bonita vale más que la Música". ¿Ejemplos? Los hay, pero no me atreveré a nombrar, por distintas razones. Cada quien sabe a qué me podría estar refiriendo.

Claro está, que la verdadera música no se distingue, dependiendo de los gusto musicales propios. Pues, recuerdo que un bajista que decía que Maná no hacía música. Entonces, le pregunté si esta banda era de su gusto, a lo que respondió negativamente. Entonces, no es lógico pensar en este tipo de cosas, cada género tiene su forma de tener música. Pero, aclarando que este término que coloqué en negrilla anteriormente, implica que, contiene una letra con sentido propio, una armonía y melodía que no sea simple; y un pensamiento donde se le brinda importancia a lo que se transmite, no a lo que se escucha. Pero, manteniendo una riqueza en lo que el oído percibe.

Esto me lleva a pensar otra cosa: La precocidad de un músico por componer. 
"Componer", es un concepto sencillo, con el que puedo englobar muchos métodos. Puedo hacer una música de múltiples formas, haciendo desde acordes sencillos con una guitarra y voz, hasta orquestación sinfónica junto con registros vocales muy amplios. ¿Cuál es mejor? El que más transmita, el que más complejidad y detalle brinde el(los) artista(s). Esto no quiere decir que "Si hago acordes más complicados, es mejor", o "si le pongo más instrumentos, es mejor".

Pongámoslo en un sentido muy simple. Cuando realizas un plato para una reunión, sea cual sea sus ingredientes, te das a la tarea de planear una nueva "exquisitez" propia para tus comensales. Entonces, piensas si hay algo más por adicionar, o si puedes "inventar" algo nuevo. Resultó que, después de pensarlo y estar en la cocina, supiste que tenías tantas opciones como querías, de adiciones, carnes, legumbres, verduras y demás. Sin embargo, te interesaste por esa idea que entró por tu mente, y empiezas a prepararlo.
Durante el proceso, puedes hacerlo con afán o tranquilamente. Si lo haces con afán, te das cuenta que no es necesario y muchos ingredientes, y preparas un simple plato de Spaguetti con arroz. Si lo haces con mesura, te das cuenta que los comensales empiezan a tener hambre, pero en tu cabeza planeas mientra cocinas: Un Spaguetti, al cual le adicionas cierta salsa especial, le brindas algo de carnes para complementar, una ensalada para variar, y colocas un delicioso queso parmesano encima, para darle un toque fino al plato.
Al finalizar tienes tres opciones: Que hayas hecho un plato con el que todos hayan quedado satisfechos; que hayas hecho un plato con el que, todo haya quedado perfecto, y quieran más; o un plato con el que los comensales empiezan a hostigarse por exceso de algún aderezo.

¿Por qué realicé este ejemplo? Simple. Así mismo es la música: Cada instrumento, es un "ingrediente". Y te atreves a que, sea solo o en compañía, logres una canción. Al igual que con el Spaguetti, en todos los casos, estás haciendo lo mismo. Y habrán comensales que no comerán porque colocaste queso, y simplemente no les gusta el queso (En el plano musical, los que no te escucharán). Otros, en cambio no notarían la diferencia, puesto que en todos los casos, es el mismo "plato" (que comúnmente, son la mayoría). Si empiezas a saturar tu canción, tus "comensales" se sentirán incómodos. Si realizas un plato perfecto, verás cómo tus comensales, su mayoría (Porque siempre habrá alguno a quien no le gustará todo el contenido de tu plato) te pedirá aún más. Tal vez le dirán a otros que cocinas bien.

Y esta "perfección" solo se logra sabiendo cuál es la combinación con la que, sin más ni menos, tienes plena seguridad de que lo que haces está bien. Mientras que, habrán otros, que solo harán ese "plato", pero de afán, sin nada adicional. Y, habrán quienes les guste y quienes no. Pero a quienes les guste, es porque contiene, si tomamos el ejemplo culinario, algo que es favorito tuyo, sea el spaguetti o el arroz. Claro está que algunos, dirán que tu comida no es la gran cosa.

Hoy en día, la música se planea, como quien trata de cocinar de afán. Solo se da importancia a que estos "comensales" consuman. En este caso, ya la comida no es para una reunión, sino un restaurante casero. ¿Por qué? Porque tenderán a vender las mismas cosas de siempre, con los mismos ingredientes de siempre.

Y nosotros a gusto, siempre iremos allá, ya que esa es la comida que nos gusta, independientemente si cambian la ensalada, o cualquier adición. Siempre será el mismo plato. Así mismo, somos la mayoría de los oyentes, porque nos basta con que la canción tenga un ritmo que te guste, sin importar la letra, o si los arreglos musicales son complejos o no. Así que, una banda que desea progresar, solo necesita mantener los mismos ritmos, rostros vistosos y no más.

Es por esto que, hoy ya no vemos conciertos grandes, sino adolescentes afiebrados por grupos que solo poseen buena presencia. Los pocos grupos que sobresalen, han tenido que luchar mucho.
Y, nosotros como público nos limitamos a "disfrutar", canciones que inclusive tal vez fueron pensadas en tan solo cinco minutos, en el baño del vocalista.

Entonces, ¿Eres de los comensales que solo consume, sin disfrutar de lo que te ofrecen; o eres de los comensales que disfruta, detalla y disfruta a profundidad aquello?

lunes, 7 de abril de 2014

Aunque no se de cuenta.

Dedicado para todos aquellos que alguna vez han tenido que sufrir por amor. Pero, no de la misma manera que siempre. Sino para nosotros, los que a veces debemos enfrentarnos a convivir con personas que, aunque nos lastiman y aún más que eso, pueden hacernos perder los cabales, seguimos firmes y puestos a continuar sin tapujo alguno. Como los huesos al renovarse: Vuelven a ser iguales por fuera, pero más débiles por dentro.

Aunque ya sé que nunca verás esto, esto es lo que pasa. Ya esto es amor, como lo puedes comprobar. Tal vez la entrega más allá de lo terrenal, o inclusive material. Hemos aprendido a ser un amor tan incalculable, que muchos miran a nuestro alrededor. De esos, de los que mucha gente desea y otros repudian. Oye... ¿Estás pensando lo mismo que yo?

Pero, a su vez sabes que no dilato mis pupilas por completo, y mucho menos menos me atrevo a destapar mis más sinceros pensamientos. Aunque en tu malinterpretación y deseo impetuoso porque tu consciente sabe la verdad,  a veces no sabes lo que llegas a hacer. A veces puede que no calculemos la profundidad de nuestras acciones, y la veracidad de nuestras creencias. Y, es así, como ya me empiezo a desconocer, como un todo. Porque, siendo uno u otro yo, me he apartado de mí mismo. Me he mal-logrado, me he convertido en un ser lleno de demonios que, aunque no habitan un infierno, claman porque sea la misma vida quien devuelva muchas cosas.

Y así, me pediste cambiar en un comienzo. Hubo cosas de las que no estuve de acuerdo. Pero el amor lo puede todo. Siempre lo puede. Y así, mi mente excesiva me hizo crear un mundito para ambos. El problema, es que han llegado infinidad de inmigrantes ilegales y parásitos de otros mundos, para intentar acabar con nuestra naturaleza. Y el resultado, siempre te ha favorecido.

El hecho de amarte, y estar contigo, son pasatiempos que son más que recorrer el tiempo: Son realidades infinitas que disfruto completamente, con sinceridad y sin tener que fantasear. Me has hecho ser un hombre nuevo, con nuevas aptitudes, pero... diferente actitud. Hoy, me muestro al mundo como el hombre que quiero ser por dentro, más el inconveniente es que no debía perder mi esencia, mi valor, mi conocimiento.

Hoy en día, tú no sabes lo que la frase "me haces daño", puede significar. No sabes cuánto un hombre de amor entregado y empedernido puede llegar a suponer, cuando la mentira no cruza en la mente propia, sino en la ajena, específicamente en la tuya. Somos pocos los que deseamos, e intentamos luchar por lo que debemos hacer, que es valorarte. Y he logrado llegar a muy buenos puntos, pero así mismo me siento como la piedra que se patea en el camino: La llevas contigo, la vas pateando de a poquitos, y poco a poco se va desintegrando.

Hoy en día me siento como un hombre nuevo, pero no para bien. De que a veces, no soy capaz de llegar a satisfacerte, en cualquier aspecto. Pero cuando me dices que he fallado más que tú, cuando dices que lo que he hecho es mucho peor que tú;  y te referencias a mí como un mentiroso, siempre tiendo a callarme. Y tal vez, no por pena, sino por amor. Porque, cuando amas, sabes que lo malo se debe convertir en un punto para impulsar lo bueno, y dar de ellos lo mejor.

A veces no entiendes cuánto vales para mí. Que mis palabras las tomas a mal, y mi uso inconcreto de palabras y significados cambia. De que mi deseo por hacerte mejor, ha sido solo un intento por darme cuenta que soy una persona con peores sentimientos y acciones cada día. A veces no entiendes, que la libertad es un valor agregado más. Y aunque si leyeras esto, sabrías que lo primero a pensar sería que pretendo decir que me estás aprisionando, tan solo estoy pidiendo una oportunidad para darme cuenta de que soy un tipo bueno. Pero, cuando llego al punto de la llamada, solo recibo un "eres infiel".

Con o sin palabras, sea con o sin el silencio, ya no sé hoy lo que empieza a ser la realidad, quien soy yo. Ahora me encuentro sujeto a ti, a quien me quiso hacer mejorar desde el principio. El problema, es que cuanto más mejoro, tú vas aumentando y prolongando en ti, mis antiguos defectos. De que, aunque no me lo digas te sientes cansada de que sea un niño. De que el pasado se ha atrevido a llevarse mi deseo de crecer, y de aprender que es lo mejor que he podido hacer.

Te sientes cansada de mí, pero aún tampoco lo suscitas solo por mantenerte en esa lucha, en la que solo estás favor, en tu buen humor. Porque, mi complemento empieza desde el preciso instante en el que, por un simple beso, una caricia o un pensamiento faltante, decides llevar la relación a un fin, tal vez premeditado o deseado.

Y tal vez tu orgullo, tu tan triste orgullo, que termina atacando lo poco de mi; es solo una de las balas, una de las grandes, que atraviesan el alma cuando inclusive, estoy esperándolo. De que últimamente has deseado tratarme a gritos, empujones y golpes, como una marioneta. De que a veces relatas tu pasado con anhelo de un regreso por encima de nuestro presente, y realizas comparaciones con seres queridos, que supuestamente has dejado atrás.

Y yo mientras tanto, me consumo a mí mismo a través del alcohol. A través de soledad deseada, de una búsqueda por un momento para poder llorar, o tal vez fingir estar bien. Por cumplir sueños con los que quieres que yo no termine, y momentos anhelados que me gustaría dejar de nuevo al lado... O al frente.

Ya hoy en día sé que continúa mi amor. De que me has escuchado llorar, algo difícil para mi. Que a veces no es fácil ser amenazado a través de cualquier acción, concluyendo de que valgo menos que tú. De que tan solo con pedir perdón y unas cuantas lágrimas, puedes mejorar las cosas; mientras en mi caso debo buscar con lágrimas en tus ojos, el tan repetido caso, de tu decisión por dar por terminada nuestra historia. O tal vez no solo eso: Sino con los sueños que conllevamos.

Que me gustaría salir a alguna parte, con la confianza de que, por más malos pensamientos, eres capaz de confiar en mi. Pero, siempre me has dejado en claro, que no confiarás en mi, a pesar de que has buscado tu antigua pareja, mientras solo he dicho un "te quiero" a una buena amistad de casi la mitad de mi edad.

Aún no sabes que he llegado a la ira, y tal vez a la depresión, sin remedio alguno. De mi devastación, si así lo quieres llamar. Sin embargo, para ti, soy yo quien ha causado las heridas, el (único) que ha fallado, el que debe llevar las riendas y el que debe soportar tus acciones, que siempre supones como "leves".

Sin embargo, me descompenso al tratar de desahogarme, de tratar de dejar esto como ficción. Más esto es lo que, en otras palabras, mi mente grita llorando aún. Pues, veo las demás parejas felices, con libertad, sueños y confianza mutua. Mientras yo, intento solo ganarme tu confianza, que al parecer perdí, por una injusta razón.

Aunque no lo niego, ya soy un hombre medio vacío. Mi medio lleno está con lo que relativiza nuestros momentos felices, y lo que verdaderamente es una relación. Por el otro, me encuentro en un oscuro callejón sin salida, en donde al final de la esquina están unos pocos sueños, y una poca gente, que es diferente a los conocidos que buscan solo un momento íntimo entre tú y quien te lo dice. Y sé que si cruzo, tú simplemente volverás a querer darle fin a todo.

No puedo obviar que soy una persona que te ama, con toda la sinceridad con la que absolutamente nadie podría actuar y pensar. Sin embargo, tengo miedo a que el día de mañana, mi propia mente me tenga que forzar a aceptar que debo estar lejos, y tal vez, no cumplir esos sueños. Todos tenemos un límite, y a veces no te has dado cuenta que este corazón sincero lo estás haciendo pasar como uno normal.

Y te amo. Te amo como absolutamente nadie, lo va a hacer en cualquier momento de tu vida, exceptuando tus hijos.Te amo tanto, que no me importa llegar a romper en llanto cada noche, sabiendo que poco a poco voy a llegar a un punto en el que estaré completamente destruido. Pues no me importa, porque sé que estoy brindándote felicidad, aunque cueste la mía. Te amo, y sé que me amas, al punto de pasar por encima de cualquiera para amarme. Lo que no has tenido en cuenta, es que también me incluiste en esa lista. Y a pesar de que simplemente a veces me sienta solo un esclavo, o el peor ser humano que existe en el planeta, siempre te haré dar cuenta que nadie te va a amar con la misma intensidad y sinceridad como quien escribe este simple escrito. De que he mejorado, sin saber si puedo ser un buen prototipo de persona.

Esto mujer, es de lo que jamás te darás cuenta. Este es mi papel y mi lápiz, y la poca música que a escondidas tuyas, puedo hacer. Daría todo por hacerte feliz, y eso hago: Pues he tenido que sortear mi libertad, mi felicidad, mi risa y mi estabilidad, por tan solo una sonrisa tuya. Y, muchos me criticarán, como lo han hecho, por mi forma de actuar. Pero sé que es un buen negocio. No para mí: Para ella. Puesto que, al final, solo quiero que viva como jamás lo haya hecho. Porque, el día de mañana puedo irme, y quiero por lo menos, que si en dicho momento no estoy presente como un ente o ser vivo; pueda ella entender que lo que hice siempre tuvo una razón de ser. Y de que, a pesar de que jamás tuve perdón por errores que inclusive no cometí, siempre sorteé los peores riesgos por hacerla feliz. Y no me arrepiento de esto, porque esto es lo que hago: Hacerla feliz, aunque no se de cuenta.

viernes, 7 de febrero de 2014

Desde este rincón

Pero volví a pensar en ella. Sin embargo, sabía que el hecho haber sido pensativo y algo callado ese lunes en el que dejé de verla; me iba ser útil en un futuro. Este es el texto que he venido construyendo en el pensamiento a través de largos, arduos y difíciles meses. En donde, tuve que alejarme del mundo, tuve que renunciar a mi tranquilidad por lograr muchas cosas. Y ese mismo tiempo, me sirvió para combatir contra mi pasado. 
Oye... ¿Alguna vez cerraste los ojos y pensaste en mi? Por mi parte, puedo reconocer una negación obvia en la respuesta. Espero que no haya malinterpretación de parte vuestra. Pero, las razones que se han venido construyendo se fortalecieron hasta ser una verdad absoluta.

Hoy en día... Toda ha cambiado, y dejé de ser el mismo tipo aguerrido en muchos aspectos. En otros, simplemente mejoré lo mayor posible, hasta dar vueltas muy abruptas en la vida. Subir y bajar entre cielo y tierra. Así mismo, el mismo hombre del cual supe por primera y última vez que estaría a tu lado; aún sigue ahí, en el trono que muy seguramente, aún sigo insistiendo que debe merecer desde el principio que intentó arribar.

Mujer... Mucho tiempo ha pasado y con el tiempo, nos volvemos viejos. A fin de cuentas, ambos empezamos a continuar por caminos casi paralelos: Pasar desde conversaciones largas y amenas, a distancias más allá de la misma longitud. Decisiones que se debieron a muchas causas, que tuvieron que surgir; casi espontáneamente.

Así mismo, ha llegado gente a mi vida. Y lastimosamente, mis manos han tenido que alejarse de lo que conocí como existente, a cambiar mi estilo anterior de vida por lograr llegar a un punto, del cual ahora desconozco todos los demás. Pues, sigo siendo el mismo realista: Ese loco empedernido de la música y amante de los romanticismos insulsos y algo vacíos de su cabeza... Pero aún así, cada vez se hace más implícita, más y más. 

Acepto que soy un desdichado, tal vez porque el tiempo no me dejó correr como quería. Tal vez pudo ser que las casualidad no eran del todo factibles. Y habrán muchos pensamientos, sentimientos, hechos y emociones que posiblemente tendré que llevar a la tumba, para no generar el revuelo que la realidad traería para quienes la viven.

Sin embargo, lo que pareció ser una "evolución" se ha convertido en otro más de los fallidos intentos por lograr encimar la cabeza del agua que recorre mi cuello. Hoy no sabes, y así mismo sabrás, que no todo en la vida ha sido fácil. Aún sigo siendo el mismo pesimista, pero con apariencia de "triunfador" (si es que así lo puedo llamar). Tu decisión, de la cual aún desconozco absolutamente sus bases y sus lechos; tal vez logró que por dentro yo mismo buscaba: Tu felicidad.

Reconozco que hoy en día, logro arribar la felicidad. ¿Es lo más importante? Siempre pienso que si, pero no es fácil. No sé si influya mi naturaleza, mis pensamientos, o mis tendencias a ser solitario. Pero también debo reconocer que no lo he logrado a como lo has hecho tú. En cierto modo me puedo sentir satisfecho, motivado, porque veo que en tus ojos sigue ese aire de lograr buscar una sonrisa.

He tenido mi espacio para lograr intentar soñar, pensar y sentir, en un mundo diferente, pero eso solo condena lo que aún sigo siendo por dentro. Lo que planeo ser, y lo que deseo vivir. He tenido mis roces con la almohada, lidiando porque no la haga espantarse más con agua del corazón. Pero, sé que a diferencia de ti, tuve que empezar sin un principio, y continuar sin un final. Hoy en día mi mano está ocupada, y me siento con los demonios propios ardiendo por mi sien, por mi cabeza mientras no logro entender lo que pasa. 

¿Eres tú o soy yo? Ya lo sé. Ya me condeno, a vivir. A vivir, con canciones y recuerdos que ambos sabemos que tenemos. Que tú sabes que no he dicho, y tal vez solo pocos sepamos. Lucho guerras queriendo escapar del pasado, por encima de lo que sé que siento. Y aunque las gano, siempre pierdo un poco más.

Desde que ese día me fui, sin tan siquiera lograr pensar quién era yo, soy consciente que parte de mi logró quedarse en ti. Así no lo sepas. Porque, ahora soy víctima, de castigos atemorizantes, que poco a poco, me van haciendo sentir que soy menos de lo que siempre he pensado ser. Y así mismo, me hago darme cuenta que mis sueños se transforman, lo suficiente para llegar a un colapso en todo yo.

Soy feliz, con tan solo saber que personas como tú, son felices con el futuro que escogieron. Aún no sé la causa de tu elección. Pero tengo seguro, que esas manos que brotan contigo hicieron valiosos detalles que tu corazón debió escoger como importantes. Mientras, yo solo me dediqué a esconder el único recuerdo de ti. A guardar aquella cuerdita con tu aroma y tu perfume. Porque pensé que jamás te volvería a ver. Y a esconder aquellos ojos de colores monofásicos en un lugar, en donde sé que puede estar conmigo, sin miedo a ser interrogado, y también a ser despojado.

¿Sabes? Esa insignia sigue conmigo. Y han pasado los meses como las hojas de otoño que caen deliberadamente al suelo. Seguramente, puede que me aleje de ser yo; o que empiece a ser un maniático desenfrenado ya reconocido. Eso ya no lo sé. Ya hoy en día, vivo de todo, y no vivo de nada. Todo al tiempo. 

Aún así, te envío mis más sinceras palabras, porque por más que logre aparentar cualquier pensamiento o sentimiento; conmigo no puedo ocultarme esa incertidumbre de "los dos". Esa curiosidad que mata, de saber si algo hubiese pasado. Y esa última palabra, es lo que terminó siendo todo. No olvides tu capa de cuero, tu bayetilla, tu sonrisa, tus pensamientos realistas, y tiende siempre a ser feliz. Porque prometí que eso me importaría. Recuerda siempre tu ropaje rojo, y cada momento de alegría. Cada difícil momento en el que intenté estar ahí. Y en aquel en el que te pedí afanadamente abrazarte en medio de una acera maltrecha.

Desde este rincón, y desde ese parque en el que te quise abrazar la última vez que te vi, después de tanto tiempo; me quedan recuerdos que no voy a superar. Mis brazos siempre sintieron esa necesidad, pero mi conciencia sabía que nuestro alrededor no era vacío, y que no debo ser motivo para que tengas un mal momento.

No olvides tu esencia, no olvides quién eres y para dónde vas. No olvides tu valor, y jamás te subestimes. Recuerda que desde lejos, siempre esperaré una buena noticia de ti, aunque tu confianza hacia mí haya decrecido. Y deba ser aquel pasaje de visita que desde lejos debes comunicar. No olvides tampoco, que quiero que brindes lo mejor que tienes para quien está a tu lado. Porque antes que contrincante, también es colega y compañero de lucha. Merece a través de aquella decisión lo mejor, por más difícil que sea la condición. 

Lo más importante, es que jamás olvides quiénes fuimos, y todo lo que llegó a suceder. Aquella foto de contraluz y las palabras bonitas que denominaste siempre "cursis". La sensación de mi cabellera en tu regazo y de los abrazos que siempre nos llenaban. De esas lágrimas que dimos, aunque las mías jamás las viste. Del beso que jamás sucedió, y de las promesas que pudimos no llegar a cumplir. De nuestras dos manos juntas y mis intentos porque no me trataras como un amigo. Del licor que no tomamos juntos, y de las noches en las que la incertidumbre podría llegar.

Esta carta va dirigida para ti, callada como mi boca, pero hablado por mis manos: Los únicos que pueden ser sinceros en esta carta. Es este el lugar de donde puedo hacerme llegar hacia ti, y lograr acariciar los recuerdos con las letras. Es este mismo, donde te quise enviar mis palabras, y los únicos adeptos a lo que quiero comunicarte. Es este, por vez tercera. Por vez cuarta. Por vez infinita: Desde este rincón.