Una Mujer te puede ofrecer Sexo, te puede ofrecer dinero, te puede ofrecer besos gratuitos. Te puede ofrecer toda una vida llena de placeres. Pero eso jamás se podrá comparar con una, que te brinde la verdadera sonrisa en tu rostro. Porque la primera es común. La segunda es única.
Ella.
¿Alguien se ha preguntado si un abrazo es suficiente para llenar el corazón? Tal vez muy pocos. Yo tuve respuestas a preguntas como esa, sin ni siquiera cuestionarme.
Y tal vez esa será una descripción breve. Será unas palabras que se irán a la deriva de la vida. El día de mañana, esto solo se quedará aquí. O puede que desaparezca por alguna razón, más allá de mis propias manos.
Por ella. ¡Ella! Una mujer tan bella. Una mujer enamora con una sonrisa. Que desde el primer momento, desde esa primera tarde en la que mis brazos la sintieron, para mí ella fue diferente. Y si bien llegué con la expectativa de una simple conversación, de un intercambio de palabras formal entre dos personas, de la que muy posiblemente muy pocas veces en mi vida he tenido la oportunidad; cuando la vi, con esa sonrisa tan tierna, tan maravillosa... Por dentro se removieron muchos pensamientos, tanto buenos como malos.
Un día del cual comenzó todo, al igual que este nombre. Este título. Pero... ¿Cómo ese día lo pudo todo? ¿Cómo pudo ese momento posterior a ese abrazo, ser tan especial, tan diferente? Tal vez hoy en día, no lo logro entender. Tan solo sé, que por primera vez, mi cabeza se recostó en sus piernas. Estuvimos hablando, entre tantas sonrisas. De donde me había empezado a maravillar, como ya lo había hecho hace un año, desde lejos.
Y aún recuerdo cada momento. Tal vez muchas palabras dichas se me habrán olvidado. Pero jamás se olvida el sentimiento, y la felicidad de cada momento. El hecho de abrazarla. De hacerlo de manera diferente. Porque, aunque todos los abrazos comúnmente tienden a ser los mismos, con ella no pasó. Con ella pude encontrar la especialidad de un abrazo, el cual creía perdido desde cuando me había ilusionado con historias profundas. El hecho de arriesgarme a caer en ella sobre el prado, aunque siempre teniendo en cuenta que su caída debía ser suave.
Y no sé si para ella será lo mismo. No sé si ese primer día fue uno muy especial, o fue otro más, como cualquier otro, de su vida. Pero para mí, marcó mucho. Tal vez fueron solo palabras, y algunos abrazos y risas en intercambio. Aún así, la especialidad fue diferente. Tal vez nadie me había hecho sentir con tanta confianza, con tanta libertad, en un sentido metafórico, con una mujer.
Jamás creí que de ahí en adelante, todo empezaría a ser diferente. Y aunque, con miedos quise continuar, me medí a seguir siendo yo. A seguir por encima de mis dolorosos recuerdos, por los cuales llevo mi pseudónimo. Porque como siempre, la conciencia nos hace ser algo escépticos con el tiempo. Pero con cada experiencia que viví, mi mente sabía que ya tenía miedo a intentar. Sea como sea, la experiencia es una mujer estricta que nos hace cerrar los ojos mucho.
Así mismo, para la siguiente ocasión, quise tener un reto conmigo mismo. Por lo que tuve que recorrer mi Viejo Mundo, entre prisas y un día muy lluvioso; por algo que sabría que quería darle, debido al nombre que le di desde el comienzo. Un collarsito.
Sin embargo, siempre he aceptado que mi forma de brindar un detalle, siempre es de manera diferente. De hecho, de manera similar a mi papá, no soy hombre de muchos detalles. Con el tiempo, esa parte tan "regalada" de mí se la fue llevando cada persona, con muchos argumentos que jamás fueron reales. Después, de que fui subvalorado respecto a un BlackBerry. Aunque todos, por más cerrados que seamos a nuestro entorno, siempre tendemos a dar mucho más de lo que pensamos, a las personas que verdaderamente valoramos.
Aunque con ella, el tiempo me permitió descubrir en ella alguien diferente. En sus palabras, en sus expresiones, en su sonrisa... En Todo.
Así mismo, me permitió la vida nuevos encuentros. De ver el Viernes como un día deseado; y no como otro día del cual solamente llegaba a casa, a sentarme en una silla, solitario, a ver el mayor vicio social de la actualidad. Mucho cambió. Y mis pensamientos me decían de nuevo que posiblemente mis ojos empezaban a ver un rumbo en específico, con miedos implícitos de repetir las mismas historias que alguna vez viví. Aún así, siempre quise seguir con las esperanzas, con las que aún continúo.
Y como toda historia posee su nudo, ésta también lo poseía. Mientras con mi mejor amigo hablábamos de aquella nueva chica que había llegado a mi vida, llegó el día en cual ella misma me dijo que había alguien que ya había tocado las puertas de su corazón. Claro está, mi conciencia me decía que debía dejar así. Mi mente, como siempre, se reía una vez más. Mi mejor amigo, con su "Teoría de la L", también hizo apoyo a los pensamientos de los que estaba en contra de lo que deseaba.
Aunque... A ninguno le pude hacer caso. No quería hacerlo. Y, como siempre, hice mi trabajo de Doctor Corazón. Sabía que podía quedar así, como un simple amigo. Pero si era lo que ella quería, tal vez lo único que podía hacer era esperar que la vida me ayudara a triunfar. Y mientras, intentar ser lo siempre he intentado ser: Un buen amigo, de todo el mundo.
Sin embargo, cada vez que la veía, para mí era siempre igual. La abrazaba. Tal vez demasiado, y me impresiona que ella no se cansara de ello. Para mí, era batallar contra mi propia experiencia, contra mis propios pensamientos, y tal vez actuar como lo hacen los Grandes Sabios del Póker: Arriesgándose, sin importar lo que se pierda. Aunque por dentro me decía, que si me arriesgaba, "¿...qué podía perder?".
Mientras tanto, ella para mí empezaba a tener ese cariño que muy poca gente obtiene con el tiempo. Tal vez ella, de alguna manera, sin darme cuenta, empezaba a maravillarme más de lo que yo pensaba. Y así, obtuve mis miedos interiores. Tal vez miedos con los que creo aún luchar.
Recuerdo que lloré muchas noches. Aún me impresiona. Porque, es complicado que las lágrimas corran por mis mejillas, por problemas puramente fisiológicos. Todo con un mismo motivo, basado en ese mismo miedo. Pero sabía, que por encima de todo, el seguir adelante debía ser algo primordial, aunque de por sí, me arriesgara a todo.
Y así, empecé a pedirle un turno para verla. Un turno del cual de manera jocosa, ella me dio un número, Ciento Cuatro. Y así, cada conversación de lejos debió empezar a ser más a menudo. Por alguna razón, que tal vez no va sobre mis manos. Pero cada vez que veía una imagen digital de ella... Se me venía una de esas sonrisas que uno no aguanta en hacerlas. Y así, como lo decía uno de los grandes sabios: "Para enamorarla, me dijeron que debo hacerla sonreír. El problema, es que cuando ella sonríe, soy yo el que enamoro".
Así mismo, logré verla una última vez más. Un tiempo muy corto, pero con el cual, pude realizarle la entrega de mi ficha de turno. Con un trabajo puramente manual. Y aunque de ese material cerámico me llegó mucho a los ojos, sabía que ese esfuerzo era necesario. Era tal vez menos de lo que podía merecer tal mujer.
Y bueno. Desde ahí, mi locura pasó a hacer un compañero perpetuo para mí, que dormía en cada sueño y pensamiento. Pero aún así, a mi mente le gusta jugar con mis miedos. Así fue como, poco a poco, mi mejor amigo; después de dejarlo de ver por casi un año, me dijo de frente, mientras comíamos pizza: "Lo veo lento".
Comprendí que todo lo hacía muy lentamente. Que incluso, la hice llorar y vi derramar una lágrima. Y ese hecho, me frustraba. Porque era luchar, entre lo que debía hacer y lo que tenía que hacer. Y eso era una batalla contra mí mismo que no me permitía conciliar el sueño.
Así mismo, una noche, en la que con ya algo de Whisky y mucha euforia, la llamé. Y así mismo, dije algo con lo que simplemente me hacía evidente, y hacía ver parte de lo que sentía. Pero el tiempo, nos hacía ver a ambos lo que ocurría. Lo que tal vez sucedía.
Aunque, lastimosamente, los errores que uno como persona comete por omisión, me dieron la oportunidad de conocerla desde otra perspectiva. De vivir por primera vez, eso de una discusión con la persona que uno quiere. Pero me dio duro, porque todo ocurrió un día antes, de que llegara ese día por el cual esperé, para decir todo lo que había pendiente dentro de mí. Para estar revelando, por fin de manera directa, la realidad.
Y sí, a partir de ese día, vi ese otro lado que no quería de la vida, con ella. Y de nuevo, me volví a sentir frustrado. Ni siquiera tenía la capacidad de concentrarme en mi labor, no tenía mente para otra cosa, que para mi preocupación por lo que en ese momento estaba sucediendo.
Y hoy en día, siempre le repito que ella para mí es lo que más quiero. Que para mí, ella es más que una canción, o una persona, o un rostro bonito, o unas palabras profundas. Ella para mí, es una persona única, una persona que, me hizo aprender. Que me hizo conocer cómo era por dentro, de darme la oportunidad de saber un poco más de mí; y de reconocer esos errores que por ti mismo no puedes vislumbrar. Una persona que te hace sonreír cuando la ves. Y que si la piensas en la noche, te da dulces sueños. De esas por las que vale la pena luchar. Y que, con el tiempo, te hace dar cuenta que si pudiera, daría la vida por ella. Porque tan solo así, sabría que no sería en vano.
Y muchos tal vez dirán que soy un cursi. O un tipo completamente loco, ya que mis palabras pueden ser demasiado extravagantes. Pero... Sé que quien la conociera... Que quien la conoce, la valora, y ve en ella una persona, que nadie puede ver en ninguna otra parte del Universo. Porque hay mujeres , de las que he escuchado que incluso te llegan a ofrecer sexo, dinero, una buena vida, y hasta besos sin compromiso. ¿Pero eso de qué sirve? A mí eso no me maravilla. Ella pudo, lo que nadie había hecho. Y fue, hacerme ver quién puedo ser realmente. De hacerme sentir único, de hacerme sentir feliz con tan solo un abrazo, y de hacerte ver que eres querido por una persona tan especial, como lo es ella.
Ella no cree que esto es real. Tal vez, el único inconveniente es que los hombres somos catalogados con el mismo argumento. Que ese error llegó a ser trascendental. Pero no todos somos iguales. Y simplemente, quisiera que me creyera. Quisiera verla, tal vez a menudo, y abrazarla como siempre lo he hecho. Que quisiera seguir aprendiendo de ella, y demostrarle que en serio la quiero.
Pero... Mi miedo sigue vigente, cada vez mayor. Y puede que el día de mañana, ella simplemente me olvide. Aunque creo que no lo hará. O puede que todo cambie, o que todo mejore. Tal vez el día de mañana, la veré de nuevo en una calle, al otro lado de la acera, y viéndola tal como la vi la última vez que lo hice: Fría, sin quererme mirar a los ojos. Pero... Quisiera que, ese no fuera el destino. ¡Cómo me gustaría, repetir esos momentos que tanto ella como yo sabemos, que sucedieron! Tal vez mejorarlos, tal vez arriesgarse una y otra vez, a lo que pase. Obviamente, en donde el único riesgo que no quisiera tener es perderla.
Pero hoy en día, soy solo para ella un mentiroso. Y me encuentro ligado a cadenas que no permiten verle lo que hay en realidad. Mientras ella está unas millas lejos de mí, y mi imaginación juega conmigo. Solo me puedo limitar a escribir. Escribir, y escribir; como si debiera realizar lo que en mi labor hago: Procesos matemáticos, y demostrar resultados.
Aunque la Matemática no es lo mismo que esto. Comprendo que por un grado de diferencia, puedo hacer que un transbordador se desvíe un Kilómetro y medio respecto a su punto de llegada. Pero por un error, del cual ella cree otra visión de mí; otro punto de vista, de una persona que no soy; estoy con el riesgo de volver a ser el mismo tipo de siempre: Un escritor, que simplemente se limita a ser Psicólogo de los demás. Mientras la rutina se vuelve su odisea y su locura. Y peor aún: De no volverla a ver. De que ella termine cambiando conmigo, y simplemente se aleje. Porque aunque haya prometido no hacerlo, no puedo obligarla a hacer algo que puede que en algún momento ella quiera hacer.
Quisiera verla de nuevo, que ella quisiera en mis palabras. Pero sólo puedo ser para su mente la condena de ser un mentiroso. Y me queda ir más allá de donde puedo. Aunque, como dije anteriormente: Esto no es la Matemática, donde un problema lo resuelves escribiendo tu demostración. Esto, es algo que quisiera que ella misma viera, en mi sonrisa al verla, al sentirla, al verla reír... De que no he dicho mentiras. Tan solo errores he cometido, pero siempre he sido el mismo. Y siempre la he querido.
Porque, aún por encima de mis miedos, de que ella me vea de otro modo, la quiero. Así, como es. Y escribir, esto que siempre ha sido mi pasión y mi condena, es lo que quise hacer por ella. Aunque, me encuentro con el mismo delirio de siempre. Y me niegue a mí mismo que todo puede cambiar. Puede que cambie, pero hago todo porque ello no pase.
Ella es una mujer que cualquiera desearía. De la que tarde o temprano, cualquier hombre busca. Muchos empiezan con el libido en sus frentes. Otros, mientras tanto, pasamos de jugar pequeños a los Piratas, a buscar tesoros más valiosos como ella. Esos tesoros, que son más valiosos que un cajón de oro puro. Porque al fin y al cabo, siempre le dije a ella que quería ser aquel delincuente que robara ese pequeño botín que dentro de ella siempre ha latido.
La mujer, que metafóricamente siempre ligué con una caperuza, y pudo cambiar mi vida de la rutina a las sonrisas incomprensibles y tal vez, imbéciles que todos, alguna vez harán por alguna razón que solo las entrañas saben la causa. Y posteriormente, se revela.
Esa es ella, la que me hizo convertir un día cualquiera, en un día que no puedo olvidar. A llevar un collar que no puedo soltar aún dormido. A sentir a alguien especial. Ella es.
Pero yo, simplemente frente a sus ojos, sigo siendo el mentiroso, que jamás quise ser con ella. El mentiroso que jamás he sido. Y el encarcelado de mi propia maldición: Ser escritor una vez más. Para ella. Aunque espero que algún día lea mis ojos, para que sepa que brillan al verla a ella, que ella es diferente, y la quiero como a nadie. Ella, ella, ella.
La del Doce, y Una Caperuza. La que me hizo saber, que puedo llegar a ser un delincuente, que intenta robar siempre, solamente un único botín.
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